Reseñas

Antología del cuento triste

Augusto Monterroso fue un escritor que Julio Cortázar admiraba. Y este es el primer libro que obtuve de él, una compilación de 24 cuentos extraordinarios de 22 autores de diversas nacionalidades, ninguno de los cuales tiene un final feliz. Él mismo cuenta que la idea nació en el bus que lo trasladaba al aeropuerto de Nueva York, en compañía de Bárbara Jacobs, a inicios de los años 90. De pronto, como un juego, se retaron a evocar cuentos oscuros con un triste final. La lista fue larga y abarcó un siglo de producción literaria. Luego se animaron ambos a editarlo. Gracias a este libro, que encontré de casualidad en una de las tantas librerías que uno recorre compulsivamente en busca de novedades, hace casi 30 años, pude sumergirme en historias increíbles, como Bartleby, el escribiente, de Herman Melville; La cigarra, de Chéjov; Una rosa para Emily, de Faulkner; Un alma de Dios, de Flaubert; Una nubecilla, de James Joyce; o El paraíso, del propio Augusto Monterroso, entre varios otros de Onetti, Rulfo o Lugones.

Uno de los que más me impresionó fue el cuento de Melville, protagonizado por un hombre extraño y depresivo, profundamente afectado por el trabajo que desempeñó por largo tiempo en una oficina postal, en el área de “Cartas muertas”, donde pasaba los días leyendo correspondencia que nadie nunca reclamó y que debía arrojar al fuego. Imaginar la angustia de los que esperaban con ansias la palabra quizás decisiva de otra persona y que jamás llegaría a sus manos, lo fue llenando de tristeza. A propósito de cartas, me gustó también “Correspondencia”, de Carson McCullers, que es la historia de una muchacha adolescente que entabla amistad por correo con un chico brasileño, al que luego de una larga secuencia de envíos que dibuja la evolución o involución  de sus sentimientos, decide no escribirle más al aceptar con resignación que jamás obtendría una respuesta.

Una nota sobre este libro publicada en El País en 1997, cita una declaración de Monterroso: “El requisito era que fueran buenos, antes que tristes”. La verdad, son ambas cosas. Pero no apelan a la tragedia y el desastre para provocar pena, sino más bien a esa tristeza tenue y persistente cuya fuente a veces se desconoce o se niega y que no nos suelta fácilmente. “Nosotros hemos buscado esa tristeza de todos los días, doméstica, suave, asumible, consciente, como una mosca, que suele depositarse en las familias sobre todo los domingos”, dice don Augusto. La nota cita también a Barbara Jacobs: “Aunque todos son básicamente tristes, algunos incluso tristísimos -como Una nubecilla, de Joyce-, todos despiertan alguna sonrisa en un momento dado. Lo que pasa es que hoy se confunde la risa con la sonrisa, que es la que de verdad hace pensar”.

En esos años, llevaba este libro conmigo a todos lados, se volvió una obsesión. Es inevitable tender puentes con historias que tocan la puerta de ese cuarto oscuro, como le llama Jeremías Gamboa, donde tenemos escondidas las emociones de las que nunca nos gusta hablar. Y aunque nunca quise prestarlo, lo perdí varias veces (¿Dónde fue que lo dejé?). Por supuesto, lo recomendé hasta decir basta e iba a decir que lo recuerdo ahora con tristeza, pero no, en verdad, lo recuerdo con cariño.

Lima, 25 de julio de 2020

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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