Curriculo,  Pedagogía

¿El Nobel fue para el Perú?

Fueron cinco historias francamente pertidas. El relato oral de cada anécdota infantil fluyó de manera ágil y amena, matizado de risas y ocurrencias ingeniosas. El ánimo del grupo cambió súbitamente, sin embargo, cuando le pedí poner esos mismos relatos por escrito. Los cinco profesores, funcionarios de persas oficinas locales de educación, aceptaron la hoja de papel con ojos esquivos y apagados. Los mismos ojos que hacía pocos minutos habían brillado embelesados. Se tomaron su tiempo para producir sus textos, hasta que al fin los concluyeron. Léalo profesor, le pedí al primero. Inició la lectura reticentemente y al llegar a la segunda línea, apartó la mirada del papel para dar paso a otra versión oral de la misma historia. No lo cuente de nuevo por favor, léanos lo que ha escrito, le rogué. Hizo su segundo intento y, a los pocos segundos, volvió a detener la lectura para reanudar su relato oral. Esto se repitió con cada uno de ellos. No cabía duda, revelar el escrito que habían producido, les causaba pánico.

El currículo escolar considera esencial el «dominio del castellano para promover la comunicación entre todos los peruanos», enfatizando que «debe garantizarse su conocimiento para un uso adecuado, tanto oral como escrito». Uso adecuado significa para el currículo, «leer comprensivamente y escribir correctamente» el idioma, es decir, aprender «la tipología textual para la debida comprensión de sus estructuras y significados y el uso de la normativa: ortografía y gramática funcionales». Al lado de este acento colocado en la norma lingüística, el currículo señala también que los escritos de los niños deben responder «a la necesidad de comunicar ideas, opiniones, sentimientos, pensamientos, sueños y fantasías». Considera clave, así mismo, «la escritura creativa, que favorece la originalidad de cada estudiante», para lo que exige «el acompañamiento responsable y respetuoso del proceso creativo» de los niños.

Ahora bien ¿Hasta qué punto es compatible aprender la lengua escrita de manera creativa y el apego escrupuloso a sus reglas? Gabriel García Márquez, en un célebre discurso pronunciado a fines de los 90 en un Congreso Internacional de la Lengua Española, rogaba a los académicos de la lengua «liberarla de sus fierros normativos». «Me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia –dijo el escritor colombiano- que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros». Por no hacerlo, situaciones patéticas como las que he descrito al principio, se siguen multiplicando por doquier: personas educadas que siguen aferradas a la cultura oral, porque escribir está asociado a la vergüenza de un texto con errores, mil veces censurados a lo largo de toda su escolaridad.

«La lectura para mí fue algo milagroso –ha dicho Mario Vargas Llosa en entrevista concedida a la BBC- y gocé sumergiéndome en esto que me permitía viajar en el tiempo y el espacio… Yo siempre quise escribir historias que tuvieran sobre los demás el mismo efecto increíble que habían tenido en mí las lecturas de aventuras que tuve en mis manos desde niño». Flaubert decía que escribir es una manera de vivir y Mario suscribe esa frase: «Yo sé que es cierta, porque en mi caso escribir es una manera de vivir desde hace muchos años y va a seguir siéndola hasta que me muera».

Es inevitable preguntarse entonces ¿Viven nuestros niños el aprendizaje de la lengua escrita como una experiencia de gozo y fascinación? ¿O son los «fierros normativos» los que terminan más bien desalentándolos desde que entran a la escuela? Este es un viejo debate que vale la pena actualizar, para tratar de ponernos como país a la altura del Nobel merecidamente concedido a Mario Vargas Llosa. Hasta pronto.

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Fotografía © Fragadesenhos/www.flickr.com Jornal Zero Hora, Porto Alegre
Lima, viernes 15 de octubre de 2010

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

5 Comments

  • Rocío Colca Almonacid

    Creo que hay dos cosas que puntualizar:

    1. Nuestra cultura ancestral tiene una en la oralidad una fuente primordial de expresión. Creo que está presente en nuestro subcociente colectivo.Lo cual no significa que existe una brecha entre la expresión oral y la necesidad de plasmarlo a través de un texto. El uso "correcto" del castellano es una camisa que a veces termina por desgastar nuestra riqueza oral. Aunque, no podemos negar que hay un elemento relacionado al mismo proceso de aprendizaje que no ayuda a que la expresión sea una experiencia integral ni grata tanto en lo escrito como en lo oral.

    2.- Con respecto al Nobel, es un triunfo relacionado a una impecable trayectoria de quien ha hecho de la literatura no sólo un espacio de creación sino también de investigación.
    El asumirlo como nuestro creo que también es justo pues la diversidad y complejidad de sus personajes,historias y escenarios son nuestros..
    Un abrazo
    Rocio Colca

  • Marco Bassino

    Gracias por tu entrada, Luis.
    Sin embargo, la dicotomía que entiendo que sugiere tu nota (o simplificamos las reglas gramaticales o estamos condenados a la oralidad) es falsa.
    Creo que es perfectamente posible enseñar a los niños a escribir y que sientan placer al hacerlo.
    Claro que para eso tenemos primero que ganar a los maestros y hacer que ellos también aprendan a escribir, y a hacerlo con cariño hacia la lengua y con placer.
    Por otra parte, no comprendo por qué el profesor sentía tanto temor a leer su cuento, si nadie iba a revisar sus errores.
    Es cierto que el lenguaje escrito es más exigente. Lo es porque demanda mayor claridad de ideas, una estructura más clara, un vocabulario más variado, párrafos coherentes, y todo eso sin considerar los aspectos de corrección gramatical.
    Pero ¿cuántos Arguedas, Vargas Llosas y Vallejos están impedidos de realizar sus vocaciones por que la escuela no supo enseñarles a escribir?
    Estoy convencido de que los niños son perfectamente capaces de comunicar por escrito sus opiniones, ideas, sentimientos y fantasías, en castellano. Sólo hay que decidir enseñarles bien.

  • Anónimo

    Estimado Luis gracias por traer al debate un tema tan interesante como el de nuestra Cultura Oral y nuestra supuesta deficiencias en la escritura; pero meatrevo a agregar el tema de inclusion y exclusion.
    Es cierto que nuestra poblacion adolece de una cultura deficitaria en la escritura por muchos factores entre ellos "de los fierros normativos" sin embargo tambien eso ocurre en nuestra oralidad, cuando se exige con los "fierros de exclusion" a un compatriota quechua hablante que pronuncie bien el castellano y cuando no lo hace se califica de castellano con "mote" y "cancha" o "serrano"; pero esto no ocurre cuando un ciudadano del norte pronuncia mal el castellano, es mas bien un un "gringo" hablando el castellano.
    Entonces los quechuablantes no se atreven hablar el castellano, limitando su comunicacion con el mundo y nosotros "los cholos" de origen quechuablante tambien nos comunicamos menos, constituyendose en un problema de inclusion.
    todos nos habremos dado cuenta lo que ocurre con las nuevas generaciones sobre el uso del codigo para comunicarse entre pares mas si se comunican usando las tecnologias .Considero que es una nueva forma de comunicarse y un nuevo codigo.
    Mercedes Gerardo, Jimenez Tena
    ugel pisco-Ica

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    luisguerrero

    Hola Rocío, me hacía la pregunta de si el nobel era para Mario o para el Perú, porque a pesar del legítimo orgullo que provoca el ser reconocidos como país en sus novelas, como tu bien dices, no tenemos una educación que esté a la altura. Como tu también señalas, la obsesión por la escritura correcta lo que hace más bien es frenar e inhibir el talento creativo de los niños. Lejos de producir escritores, más bien los desalentamos.

    Marco, tu comentario me animó a escribir un segundo artículo sobre lo mismos, si lo leíste allí trato de explicar, en efecto, como un falso dilema la escritura correcta y la escritura creativa, si es que aceptamos que la producción de textos debe ser libre y la revisión (la autorevisión) posterior, como indica Ferreiro y como se acepta más ampliamente hoy en día. Por otro lado, creo que los profesores de la historia que relato temían leer su texto em voz alta porque no sólo reconocían errores ortográficos sino de sintaxis, algo explicable si la escritura es una capacidad que utilizas sólo muy ocasionalmente, de manera bastante acotada o como copia.

    Abrazos y gracias!

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    luisguerrero

    Mercedes, tienes razón. La norma linguistica se utiliza muchas veces como una herramienta o un pretexto para someter y excluir, sea que se aplique a la escritura o a la expresión oral. Emilio Tenti, un experto de UNESCO, decía que los linguistas habían convertido a la lengua en un objeto de análisis en el currículo escolar, cuando de lo que se trata de aprenderla como un medio de comunicación. Es una pena, pero la cultura escrita que prevalece en las escuelas está plagada de anacronismos y prejuicios. Mientras no nos liberemos de ellos, los Mario Vargas Llosa seguirán siendo las golondrinas ocasionales de un prolongado invierno.

    Abrazos Mercedes, gracias por escribir

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