Políticas,  Reforma

Lo siento, no hay reforma

El Presidente del Perú ha dicho en su reciente mensaje al país que en doce años más, con ocasión del segundo centenario de la independencia nacional, seremos «un país del primer mundo, desarrollado y justo». La única condición para semejante proeza sería nada menos que «la refundación del Estado», lo que dependería a su vez de que logremos reducir la pobreza y realizar cuatro grandes reformas, en descentralización, educación, salud y justicia. Como no se trata del primer mensaje presidencial sino del penúltimo, luego de tres años de gobierno, lo que corresponde evaluar no es la bondad de este anuncio sino cuánto se avanzó en los hechos en cada una de estas reformas. Veamos el caso de educación.

Dice el Presidente que diversas universidades ya han capacitado 129 mil docentes al costo de un millón de dólares aproximadamente, y que se ha evaluado a 182 mil maestros para su ingreso a una nueva Carrera Pública Magisterial, basada en el mérito y la calidad como condición para un mejor salario.

Sensiblemente y sin ánimo de afectar el optimismo de nadie, debo decir que sucesivos programas nacionales de formación a docentes en ejercicio, iniciados en 1995 y con una inversión presupuestal nada desdeñable, no parecen haber afectado sustantivamente las viejas prácticas discursivas y memoristas instaladas en la educación escolar desde sus remotos orígenes. No hay ninguna evidencia de que el programa actualmente en curso sea mejor que los anteriores. Lo que es un hecho es que su diseño no ha recogido las lecciones aprendidas de los últimos catorce años y que, según una evaluación exhaustiva encomendada nada menos que por el Ministerio de Economía el 2008, el programa no dispone de ningún mecanismo que permita verificar los cambios en la calidad del desempeño en aula de los docentes capacitados, menos aún su impacto en los aprendizajes de los estudiantes.

Por lo demás, el Presidente ha sido mal informado. Los 182 mil maestros evaluados no postularon a la nueva Carrera Pública, sólo 8 mil de ellos se animaron a hacerlo cuando se abrieron recientemente 20 mil vacantes para el ingreso. Este grave hecho constituye la señal inequívoca de un desinterés y rechazo generalizados, muy lamentable, que puede explicarse mejor por la hostilidad pública mostrada por las autoridades hacia el profesorado –recordemos que se usaron los resultados de las evaluaciones como instrumento de desprestigio- que por la oposición sindical.

El Presidente ha dicho, además, que se han efectuado tres evaluaciones a 500 mil estudiantes del segundo grado de primaria para establecer una línea de base y seguir sus progresos. Quizás la opinión pública no lo sepa, pero el Perú cuenta con un sistema de evaluación de la calidad educativa desde hace doce años y ha realizado ya cuatro evaluaciones nacionales del rendimiento escolar desde 1997. Desde entonces hemos contado con datos sólidos, científicamente obtenidos, sobre los pobres resultados de aprendizaje en la educación básica peruana. Desde entonces hasta la fecha, sigue siendo sólo uno de cada diez estudiantes el que termina segundo grado leyendo y comprendiendo. Es decir, la línea de base ya existía antes de este gobierno y el seguimiento a sus «progresos» se ha venido realizando desde hace más de una década. ¿Lo sabía el Presidente?

Una reforma no se mide por las iniciativas lanzadas desde el poder, sino por sus resultados. Tampoco se legitima imponiendo medidas a ciegas y provocando oposición en los actores que deberían más bien protagonizarla, sino gracias a su capacidad para cohesionar y movilizar voluntades alrededor de los cambios. Lo siento, pero eso todavía no existe en el Perú. Y quedan dos años.

Luis Guerrero Ortiz
El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Fotografía (c) Zhokka/ www.flickr.com
Viernes 31 de Julio de 2009

 

 

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

One Comment

  • Anónimo

    Hola, Lucho…
    Bien interesante el articulo, sobre como un asunto puede ser visto de diferente manera. Ahora, bien ¿como se podria articular las voluntades alrededor de los cambios que necesita la educacion peruana?

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