Equidad,  Políticas

Los desahuciados

Wilfredo, Matilde y Janet tienen 13 años de edad y pasan a tercero de secundaria el 2010. Ninguno de ellos podría ingresar al nuevo «Colegio Mayor» que el Presidente del Perú quiere crear ahora, suponiendo que en un año ya esté funcionando. Un colegio público pero de elite, donde sólo podrían estudiar, con alojamiento incluido, los 500 «mejores estudiantes» del país.

No se los impediría el fatal hecho de ser jóvenes que les agrade caminar por las calles, comunicarse por Chat con sus amigos o disfrutar de espectáculos musicales, conductas que el Presidente considera abominables y que supone no practica el ínfimo porcentaje de alumnos que acaba la secundaria leyendo y entendiendo como corresponde a su edad. Se los impediría el ser parte de un sistema escolar que los discrimina por provenir de familias donde su idioma originario, distinto al castellano, o su enorme capital cultural, no valen nada.

Wilfredo sabe pescar en el río desde pequeño, empleando técnicas variadas e instrumentos diversos que construye con sus propias manos. Como Matilde y Janet, sabe cocinar desde los siete años y combinar con notable destreza proporciones, cantidades y tiempos para obtener resultados y sabores distintos. Janet, además, fabrica mantos de una gran variedad de colores, formas y texturas. Matilde cuida a sus hermanos pequeños y sabe cómo organizarse para atender sus diversas necesidades, mientras resuelve a la vez un sin fin de problemas domésticos con aplomo e imaginación.

En las escuelas, todas estas capacidades, claras expresiones de inteligencia práctica, de habilidad social o de esta cualidad moral que Caroll Gilligan llamaba ética del cuidado, son sencillamente invisibles, carecen de valor o se ven como expresiones de primitivismo. Wilfredo, Matilde y Janet se fastidian sin disimulo de escuchar hablar y hablar a profesores que no saben cómo ayudarlos a reflexionar su propia experiencia, a traducirla en conceptos, a analizarla desde varias perspectivas disciplinarias, a reconocer sus habilidades y a asociarlas con las demandas del currículo. Profesores, la verdad sea dicha, que tampoco tienen oportunidades para aprender a enseñar de esa manera.

Para el sistema, estos tres muchachos no son aptos. Algunos dirán que no son educables. Otros los llamarán mediocres, descuidados, negligentes. Claro, si la libreta de notas fuera prueba de la capacidad intelectual de un alumno, Wilfredo, Matilde y Janet serían subnormales. Lo que necesita recordarse, sin embargo, es que el sistema escolar, en especial el público, ya está hecho para enseñarle sólo a la minoría que considera más apta, es decir, más sintonizada con el lenguaje y la cultura del profesor, más capaz de soportar en silencio toda clase de arbitrariedades y más flexible para intercambiar nota con favores en beneficio de los adultos que los tienen a su cargo.

Sólo el 7% de quienes terminan secundaria en un colegio público dominan la lengua escrita a cabalidad. ¿Son los más capaces? No, son la minoría del aula a la que se dirigen sus maestros cuando enseñan, la asignada a la sección A y al turno de mañana, la sentada adelante, los de mejor pronóstico, los más atendidos, los enviados a concursos interescolares. El resto, los desahuciados. Los que merecen quedarse en la escuelita estatal de su pueblo como castigo a su indolencia. Con todo respeto señor Presidente, no estoy de acuerdo.

Luis Guerrero Ortiz
El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio
Fotografía © luisvilla/ www.flickr.com
Lima, viernes 06 de marzo de 2009

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

2 Comments

  • Luz

    Los seres màs sensibles de nuestro planeta estàn despertando sus consciencias sobre el propòsito de sus vidas. Nuestros alumnos no estàn exentos a esta ola invisible que permite que vean a la educaciòn que reciben con nuevos ojos. Nosotros los maestros “despiertos” a esta nueva era, tenemos privilegiado deber de ayudarlos a potencializar organizada y pacificamente sus capacidades y lograr las competencias que los ayudaràn a resolver problemas creativamente, usando estrategias innovadoras en un marco de ayuda mutua.

  • Carlos Angeles

    Colegio mayor alejado de las mayorías. Elites del saber , jóvenes preparados para alimentar el sistema, “premio al esfuerzo” etc. etc.
    No encuentro nada concreto para el resto de los más de seis millones de alumnos que merodean por ahí cerca.
    ¿No será que resulta mucho más sencillo echar mano de las excepciones para publicitar después avances inexistentes?

    Una golondrina no hace el verano.
    Un colegio mayor es apenas un deseo presidencial.

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