Ciudadanía

Más lecciones sobre historia, ética y ciudadanía

Que fuimos crueles, nadie lo dude… pero no fuimos sádicos. Estas fueron las cínicas palabras del ex dictador argentino Jorge Rafael Videla durante el juicio a que fue sometido por delitos de lesa humanidad cometidos por su gobierno entre 1976 y 1983. Una dictadura que so pretexto de la guerra interna dejó como saldo 30 mil desaparecidos y que institucionalizó la tortura más salvaje contra ciudadanos detenidos bajo simple sospecha, en sus temibles campos de concentración. Una dictadura que buena parte de las clases medias y altas argentinas respaldó, porque mantuvo sus privilegios y las benefició económicamente. Cualquier similitud con lo vivido en el Perú durante los años 90, no es mera coincidencia.

En efecto, dice Natalia Brite que una gran parte de la clase media argentina legitimó las masacres, desapariciones y torturas, con una frase que se volvió popular: «algo habrán hecho». Eduardo Pavlovsky, psicoanalista argentino, recuerda que el grueso de este sector social no sólo apoyó el autoritarismo de Videla, sino que respaldó con suma facilidad las recetas del liberalismo económico que empobreció a las mayorías. Alfredo Argibay señala que las violaciones contra los derechos humanos eran leídas como si fueran crónicas de otros países, «parecían vivir en otro planeta, aislados del mundo» y de su propio país.

Con el retorno de la democracia en Argentina, el Juicio al que se somete a los ex dictadores los halla culpables de numerosos crímenes. Carlos Saúl Menem, sin embargo, al asumir la presidencia de Argentina en 1989, los indultó a todos. Cualquier similitud con lo que podríamos vivir en el Perú en los próximos meses, no es mera coincidencia.

James Petras, destacado sociólogo y profesor emérito de la Universidad de Binghamton, nos recuerda también que en la organización del golpe de Estado de Augusto Pinochet contra el gobierno de Salvador Allende en 1973, hubo una participación extremadamente significativa de civiles de la clase alta y media alta chilena. La actitud avaladora e indiferente de este sector social frente al feroz atropello de los derechos humanos, dice Petras, «fue peor que la registrada en la Europa ocupada durante la persecución de los judíos por los nazis». Jon Lee Anderson, destacado periodista estadounidense, nos recuerda que la idea dominante entre la clase media y alta chilena en esos años era que quienes respaldaban a Allende eran pobres y comunistas, es decir, gente despreciable y potencialmente terrorista.

Como en el caso argentino, además, banqueros e industriales chilenos obtuvieron enormes ganancias y fueron vastos los imperios económicos que surgieron durante los años de la dictadura. Insisto, cualquier similitud con el comportamiento de muchos empresarios peruanos durante los diez años de gobierno de Alberto Fujimori, hoy condenado por crímenes de lesa humanidad, no es mera coincidencia.

La política educativa ha mostrado en estos años un inmenso afán porque nuestros niños lean, sumen y resten algo mejor, pero una absoluta despreocupación por la formación de una conciencia ciudadana mucho más crítica y activa, más inclusiva y democrática de la que hoy se aprende en las escuelas. Bastante más ética ciertamente de la que viene exhibiendo un sector de la sociedad limeña con niveles de educación formal superiores al promedio, que sigue creyendo que el Perú son ellos y la gente como ellos, nunca los demás.

El ex general Videla ha dicho que su gobierno fue cruel pero no sádico. La hija de Alberto Fujimori ha dicho que el gobierno de su padre fue autoritario pero no dictatorial. Tanto Videla como Fujimori creen que sus pueblos les deben gratitud por lo bueno que hicieron, más allá de los crímenes cometidos. A un pueblo con conciencia ciudadana, con aquella que la educación le debiera garantizar, tendría que resultarle insoportable tanto cinismo.

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Juicio a ex dictadores argentinos en 1985. Fotografía © Juan Rotela/ www.flickr.com
Lima, viernes 29 de abril de 2011

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

2 Comments

  • César Vila

    Recordar la historia del Perù y de los paises latinoamericanos,y especialmente los momentos que impidieron el avance de una democracia de participación plena ,en el que los gobernantes de turno fueron indiferentes a las aspiraciones de los más pobres y de una clase media pensante ,que lo único que deseaba era un gobierno que administre para el bien comùn y no para un grupo de poder,Lucho el análisis comparativo de nuestros pueblos de américa latina nos permite comprender y preveer lo que ya sucediò en todos los pueblos que que aceptaron como normal,gobiernos que no tomaron en cuenta nuestra a los grupos marginados de nuestra patria,esperamos que ahora elijamos a la persona que realmente tenga el coraje y la conciencia humanista de ver asus hermanos peruanos,como una posibilidad de metaforfosis integral del hombre en sus aspectos :econòmico,polìtico,cultural,cientìfico,tecnológico,ambiental.
    Gracias por la ocasiòn de comental tus artìculos.

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