Ensayos

A dos soles la felicidad

Es una hermosa masa blanca amarillenta delante de mis ojos, cuyo aroma inconfundible me devuelve siempre la niñez perdida. La contemplación, sin duda, con su cuota inevitable de nostalgia, aporta el primer placer. Pero luego entra en mi boca y mis labios se desplazan sobre ella con la pasión de Karolina Kostner sobre el hielo, desencadenando una multitud de sensaciones agradables en cada región de mi cerebro, en mi lengua, en mi garganta, en cada uno de mis dedos. Parece que esta misma orgía sublime de sabores la disfrutaban los chinos varios siglos antes de Cristo, pero también los turcos, los árabes y los romanos. En sus paladares ya se mezclaban sin recato la miel, las frutas y la nieve de las montañas, para deleite sobre todo de Califas, Emperadores, Reyes y toda suerte de poderosos con acceso ilimitado a las regiones del hielo eterno.

Tiempo después se agregaría al éxtasis la leche y, por supuesto, el ingrediente secreto, que aportó belleza insuperable a la experiencia: la vainilla. Dicen que antes de la llegada de Colón, los antiguos aztecas aromatizaban el chocolate con las semillas de una orquídea, apiñadas en pequeñas vainas o vainitas que los conquistadores españoles asociarían después a las fundas de sus espadas. He ahí el secreto de esta mezcla sui generis, cuya fama españoles y sobre todo italianos esparcirían luego por el mundo.

La cadena de sensaciones no dura más de cinco minutos. En ese lapso, hasta la lengua menos educada percibiría los efectos cautivantes del azúcar y la yema de huevo combinadas en el punto preciso con leche fresca batida en textura cremosa, y con esencia de vainilla, es decir, con una sustancia prodigiosa cuyas semillas originarias debieron primero fermentar y reposar siete meses en lugares ventilados para adquirir el color, el aroma y el sabor que la volvieron manjar de reyes. Cinco minutos de locura, que coloca al espíritu más díscolo y apático en frecuencia de bienestar. Minutos que contienen la ansiedad del primer contacto, el embeleso de la plenitud, la angustia creciente del final y la nostalgia automática tras el último beso. No hay episodio que se asemeje a éste, capaz de expulsar portentosamente, no importa si con fugacidad, todo miedo, tristeza o dolor del corazón humano.

Para los químicos, se trata de un sistema coloidal de alta complejidad, constituido por una espuma semisólida de celdas de aire, envueltas por una grasa emulsificada y una red de diminutos cristales de hielo, rodeados a su vez por un líquido acuoso en forma de sol. La clave de su consistencia, dicen, es el aire combinado con una baja temperatura y grasa hidrogenada, pues es lo que trasforma la sustancia líquida en un sólido espumoso, lista para recibir el sabor de cualquier otro elemento agregado a la mezcla.

Para mí sencillamente es una experiencia de felicidad, efímera como corresponde a su naturaleza según Nietzche, pero real y al alcance de ricos y pobres. A veces daríamos cualquier cosa por una tregua firme a las presiones y frustraciones inevitables de la vida, sin recordar que podemos adquirirla por dos soles en cualquier esquina de la ciudad. Cuando se anime a hacerlo, recuerde que pondrá magia en sus labios, concéntrese en ella, déjela viajar hasta el hipotálamo y, si desea, deje que se quede en casa hasta caer la noche.

Lima, 27 de octubre de 2012

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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