Cuentos

Bajo el burlón mirar de las estrellas

Bajo el burlón mirar de las estrellas
Que con indiferencia hoy me ven volver
Alfredo Lepera

  • Houston, tenemos un problema

La voz de John denotaba tranquilidad. La situación, sin embargo, era desesperada. Fue un efecto en cadena. El tanque de oxígeno que estalló arruinó el otro tanque y malogró los propulsores, pero también les hizo perder energía eléctrica y las reservas de agua. El desastre era gravísimo.

La confusión de los tres tripulantes era inocultable. Se habían entrenado para toda clase de eventualidades, pero una así era bastante más compleja de lo esperable y necesitaban instrucciones. Cincuenta y seis horas después de haber despegado, los separaba ya más de 300 mil kilómetros de la Tierra, ¿cómo iban a poder volver en esas condiciones?

  • Hay que regresar y apagar los sistemas eléctricos John, dijo el comandante con voz firme
  • No puedo hacer eso James, respondió el piloto, nos vamos a congelar sin calefacción
  • ¿Quieres quedarte aquí para siempre? Si no ahorramos energía no podremos volver
  • De todas formas, nos vamos a morir, así es que elige: asfixiado o congelado
  • Haz lo que digo por favor o si no dame el mando de la nave

Fred les pidió calma, las circunstancias no estaban para añadirle más drama. Había que mantener la serenidad. Pero ninguno de los dos parecía escucharlo.

John llamó nuevamente a la base.

  • Houston, necesitamos instrucciones, si apagamos el sistema eléctrico la temperatura bajará a menos cero y vamos a morir antes de que llegue cualquier otra solución.
  • Hagan control de daños, respondió la base, y evaluemos las medidas con esa información
  • Tenemos más de un problema Houston, intervino el comandante, hay que regresar, pero necesitamos ahorrar energía y agua de inmediato mientras pensamos qué más hacer.

Fred insistió en su pedido de calma. Lo último que necesitaban era empezar a contradecirse.

El despegue no había estado precedido de una gran expectativa. Era la misión número 13 y solo cien mil personas habían presenciado el lanzamiento por televisión, una cifra ridícula comparada con el millón que estuvo pegado a sus pantallas viendo ascender al Apolo 11 hacía un año. El interés del público por la aventura especial había decaído, pero la importancia de la misión no. Había que llegar a la luna y hacer historia.

  • La fuente de energía está dañada, la temperatura a bordo ya está en descenso y está aumentado el nivel de dióxido de carbono, los dos tanques de oxígeno están inoperativos, dijo Fred a la base
  • El módulo lunar está intacto, dijo James, hay que trasladarnos allá de inmediato
  • Imposible, terció John, ahí hay oxígeno para mantener solo a dos de nosotros durante dos días
  • John, déjame el control de la nave, es una orden, dijo el comandante con voz grave. Houston, en el módulo lunar hay oxígeno, pero no suficiente hidróxido de litio para filtrar el dióxido, en el módulo de comando sí hay, solo debemos trasladarlo y ahorrar energía al máximo
  • Si cortas la electricidad nos quedamos sin comunicación con la Tierra, dijo John
  • Houston, evalúen la situación, voy a cambiar el rumbo en dirección a la Tierra y a apagar la nave por un rato, luego vuelvo a llamarlos, dijo James

Fred entendía la preocupación de su piloto, pero James era el jefe. La situación era extremadamente crítica, había que tomar decisiones y alinearse. La tensión era comprensible, pero la aspereza solo empeoraba las cosas.

  • John, hay que hacer lo que dice James, nos trasladamos al Aquarius o morimos
  • Este imbécil nos va a matar, dijo John, se moría por ser el comandante y lo consiguió a costa de nosotros, resulta que ahora también quiere ser piloto.
  • ¿Se trata de eso John?, dijo Fred, ¿tu querías ocupar su lugar?
  • Déjalo, le dijo James, aquí nos salvamos todos o nos morimos todos. Y morirme no está en mis planes. Vamos a intentarlo de este modo. A la una, a las dos y a las…

En ese instante el Odyssey quedó a oscuras. La temperatura descendió a menos tres grados y la nave quedó flotando en el espacio infinito. Ahora apuntaba a la Tierra, pero nada ni nadie podía asegurar que tendrían la energía y el aliento suficiente para volver.

En Houston los científicos de la Nasa estudiaban la situación. Mientras tanto, la ventanilla principal devolvía la lejana imagen de un punto azul en el universo, tan ajeno y a la vez tan próximo a los miedos, las envidias y las furias con que suelen envolverse sus minúsculos habitantes.

Lima, 8 de junio de 2021

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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