Políticas

Budín de chocolate

Preparar un budín de chocolate puede parecer algo sencillo, pero obtener buenos resultados depende no sólo de tener los ingredientes necesarios, sino de conseguirlos en las cantidades que hacen falta y, muy especialmente, del arte y la oportunidad de su combinación.

Imagine que usted reúne a varias personas, analizan recetas y al final deciden una. Salen luego a conseguir 6 huevos, 300 gr. de azúcar, 200 gr. de chocolate, 300 gr. de mantequilla, 600 gr. de bizcocho, una copa de ron y dos tacitas de café exprés. Acto seguido, le pide a uno de ellos batir las yemas de los huevos con el azúcar y la mantequilla. A otro le plantea diluir el chocolate en baño maría con un poco de leche hasta que se fundan. Cuando los huevos están bien batidos, le pide a un tercero agregar el chocolate diluido. Entretanto, un cuarto repostero ha estado batiendo claras de huevo al punto de nieve y las tiene listas para agregarlas a la mezcla anterior. Una quinta persona ha estado mojando los bizcochos con café y ron, y los tiene preparados para que usted los coloque en un molde, lo rellene con la mezcla anterior, le ponga otra capa de bizcochos encima y lo meta al refrigerador por 24 horas, al cabo de las cuales lo desmoldará y servirá.

Noten la sincronía de criterios y tiempos que esto requiere. Si uno falla en las cantidades, desvía su tarea hacia un curso diferente al acordado entre todos, se demora más de lo necesario o se apresura en entregar su parte antes de que esté lista, sus actos repercutirán en el resultado final. Luego, usted tendrá como producto algo a lo que va a seguir llamándole budín pero que estará hundido o inconsistente, con un sabor amargo quizás porque se quemó el chocolate o pegado al molde por falta de mantequilla, seco por falta de ron y casi sin dulce porque le puso insuficiente azúcar. Es decir, un postre decepcionante que no cumplirá su función, volviendo vanos toda la inversión y los esfuerzos desplegados.

Una política educativa dirigida a mejorar los resultados y la relevancia de los aprendizajes en la educación básica necesita ingredientes de diversa naturaleza, así como una enorme sintonía de enfoques, criterios y cronogramas entre una multitud de equipos y actores, para garantizar la combinación adecuada de factores en el tiempo justo. Este esfuerzo de construcción de una visión compartida y de concertación de la acción resulta de tal envergadura, que numerosos ministros de educación se han cuidado de evadirlo con astuta diligencia, limitándose –como señalaba Gabriel Ortiz de Zevallos en el CADE 2011- a medidas más de superficie, menos trascendentes y más económicas en términos de tiempo, trabajo y presupuesto.

La ministra Patricia Salas ha dicho que el problema principal de la educación nacional son los aprendizajes y que encararlo exige combinar por lo menos cuatro factores: en primer lugar, el institucional, porque las escuelas que tenemos son estructuras anacrónicas, rígidamente diseñadas para la transmisión oral de conocimientos y no para el desarrollo de capacidades; en segundo lugar, el curricular, porque el currículo de educación básica ha devenido en una obra de arte surrealista, necesitando convertirse en objeto de gestión y en una herramienta accesible y útil para la gran mayoría de maestros; en tercer lugar, el desempeño docente, porque la práctica pedagógica de los maestros necesita evolucionar hacia estadios superiores de profesionalidad para poder hacerse cargo de los aprendizajes que la sociedad actual demanda a las nuevas generaciones; en cuarto lugar, la gestión, porque el aparato público de educación en sus distintas instancias nacionales, regionales y locales no tiene tradición de trabajar en función de resultados ni está organizado para eso ni para funcionar de manera coordinada ni en base a acuerdos.

No obstante, concentrar y armonizar acciones en estos cuatro frentes acarrea a su vez un sinfín de tareas que dependen de numerosos agentes intermediarios, quienes para hacer lo que les toca necesitan tres cosas como mínimo: estar cabalmente informados de los que se espera de ellos, estar básicamente de acuerdo y tener las capacidades que les demanda su nuevo rol. Es así que sentirse parte de una misma organización y un mismo propósito es producto de una construcción difícil, que debe apoyarse en los compromisos más sinceros y convertir –hasta donde sea posible- escepticismos, desconfianzas, indolencias u oposiciones de todo tipo, en apertura y colaboración. Lograrlo no será rápido, pero hay que intentarlo.

La historia del sector público de educación no juega a favor. Cuando no ha sido utilizado como botín político por el partido de turno, ha sido el patrimonio privado de personajes oscuros, ansiosos por encontrar en el cargo los 15 minutos de fama que no les aportó su trayectoria profesional, o por sacar el máximo provecho personal de su acceso ocasional a los recursos públicos. Tampoco ayuda la estructura absurda que le ha dado la ley, separando la gestión institucional de las políticas enfocadas en los aprendizajes, como si la gestión fuera un fin en sí mismo. Separando también funcionalmente a unas oficinas de otras, como si cada parte del proceso de elaborar un budín tuviera autonomía para decidir por sí mismo lo que hace, el modo como lo hace y el tiempo en que lo hace, sin ningún compromiso con los resultados. Esa es, sin embargo, la cultura organizacional del sector. Aunque parezca mentira, casi nadie piensa en el budín.

Naturalmente, siempre se puede prescindir de semejante esfuerzo y tomar atajos. Pero si nos limitamos a ordenar lo que se tiene que hacer, el resultado será un desastre. Finalmente, cada uno hará las cosas a su manera o dejará de hacerlas cuando lo crea conveniente, sin criterio para distinguir el error o dispuestos a disimular su desacato, para burlarse después de las nuevas instrucciones y hasta de las exigencias de los colegas cuya tarea depende de lo que ellos hagan primero. Ni el voluntarismo ingenuo y entusiasta ni el autoritarismo abierto o enmascarado es el camino por el que han transcurrido las políticas educativas más eficaces y a la vez más sostenibles en la experiencia internacional.

Nietzsche decía que lo absurdo de una cosa no probaba nada contra su existencia, sino que era, más bien, condición de ella. Dicho de otra manera, lo absurdo o lo ilógico no equivale a la nada, es una condición posible del ser, puede tomar incluso la forma de un ministerio y hasta volverse sentido común. Esa irracionalidad del sistema de gestión y su organización necesita empezar a corregirse, para que el país pueda contar al fin con políticas educativas sustentadas en equipos profesionales convencidos de ellas y, por lo tanto, dispuestos no a cumplir con su función sino a cambiar la realidad hasta las últimas consecuencias.

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Fotografía © Mar Garra/ www.flickr.com

Lima, 14 de febrero de 2012

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

8 Comments

  • Nancy Cortijo

    La analogía la doy por valedera. Siento que falta mucho para que la educación estatal ayude a los niños y niñas a ser mejores personas. ¿Cuál es el problema? …

  • Anónimo

    Eso de que es un botin político, es cierto. Aún se aplica ese criterio, más que el técnico en la selección de las personas que se harán cargo de la educación.

  • kelly

    Felicitaciones por las reflexiones; sin embargo pregunto ¿Cuando articular o como articular dichos elementos?? qué continúa como se organizan para que dichas reflexiones sean canalizads y no sólo se queden en observaciones, críticas etc.

  • TANIA

    Cierto, disfrutar de la delicia del budín necesitamos mucha sincronía e intervención de personas y tiempos, para que esté en su punto, igual los niños y jóvenes que queremos, es un largo proceso.

  • Anónimo

    Estimado Luis:
    Reveladora reflexión sobre el estado de la educación peruana.Personalmente como docente y muy cercana a docentes de colegios públicos del país pienso que deberíamos empezar por mejorar la condición de docentes y el ejercicio del mismo………..claro está que el sistema debería acompañar con las mejores condiciones……Ojalá como dice el texto llegue ese momento en que todos los ingredientes converjan……..

  • EMA

    Nos interesa el aprendizaje como proceso constructivo; para eso las actividades que realizamos deben llevar a nuestros niños, como a los docentes a una construcción individual y social de la realidad. Ya basta de capacitaciones descentralizadas donde las especialistas repiten lo que no entendieron y funciona el teléfono malogrado, existe el internet se debe colgar toda la información para que las maestras sepamos en que parte del budín vamos a colaborar. Sobre todo los cambios y propuestas para este año.

  • Anónimo

    En las noticias de hoy se ve un alegre presidente poniendo en marcha CUNA MAS, pero como todo en nuestro Perú, el ingenio para lo malo funciona…. Bajo la mirada de la ANR, el Ministerio de Educación, con docentes de la DREP y así todos lo saben y nadie hace nada, lo digo por un anuncio muy grande a todo color y con todo oleado y sacramentado.. LICENCIATURA EN EDUCACION INICIAL EN SOLO 9 MESES PARA EGRESADOS DE OTRAS CARRERAS PROFESIONALES en dos universidades Alas Peruanas y Universidad Andina Néstor Cáceres Velásquez…… y nadie hace nada… y así cuna mas mas y mas ….entenderán de budín o prepararan una torreja?

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