Cuentos

Celo profesional

Hasta cuándo he de padecer esta ducha de porquería. Cuando no me quemo me congelo, no hay término medio. Cómo quisiera olvidar esta pesadilla y no puedo. La cara de esa imbécil se me aparece una y otra vez. No aguanto esta ducha por dios, me estoy asando y encima se acabó el champú. Bueno, basta, el baño se acabó. Ahora dónde colgué la toalla.

Cada vez que ha llegado una de estas jovencitas sabelotodo al nido yo he sabido siempre ponerlas en vereda y enseñarles su lugar, para que no crean que saben más que una. Pero esta babosa se metió al bolsillo a la directora con su sonrisita, sus jueguitos y su palabrería. Ahora dónde mierda he dejado mis zapatos blancos. Voy a tener que cambiarme de falda. Encima esta insolente se atreve a discutirme a mí delante de todas las profesoras. Ignorante. Eso no se lo perdono.

Yo le decía a Ester, cómo vas a permitir que una mocosa venga a cambiar nuestras rutinas, yo he tenido el aula de 5 años por mucho tiempo y he seguido la metodología del jardín con buenos resultados. Los niños necesitan seguir secuencias ordenadas y mucha reiteración, esas novedades que trajo esta muchacha sólo producen caos. Me va a envolver a mí con eso de la espontaneidad, la experimentación y el descubrimiento. Pero la idiota de la directora se dejó embaucar y hasta a los padres se les cae la baba cuando la escuchan. Esta blusa no va con la falda, ahora tengo que planchar la otra. Ay dios, mira la hora que es. Dónde está mi perfume. Sin mi Dolce & Gabbana no salgo a la calle jamás. ¡Ese es mi aroma!

Hasta las chicas le prestan oídos. No todas, felizmente, pero a varias las encandiló con el discursito ese. ¡Yo sé más que ella! pero la ven bonita, muy plantada, bien hablada y le dan la razón. Después quieren que todos entremos en esa moda. ¿Dónde dejé las llaves? La tonta de Ester viene a decirme a mí que me ponga a hacer esas mismas babosadas con los niños de 4 años, ¡a mí!, ¿qué se ha creído que soy yo?, ¿una principiante? Este maldito tráfico. ¡Muévete imbécil!, ¿que no ves que ya cambió la luz? Durante todos estos años la directora me consultaba todo. Decidía muchas cosas importantes conmigo, confiaba en mi experiencia. Qué rabia. Si la nueva cree que puede salirse con la suya está muy equivocada. Ya llegamos.

Yo sólo dije lo que vi. Además, se los dije a un grupo de madres que considero mis amigas, pues he sido maestra de sus hijos durante dos años. Pero, ¿qué se puede pensar de dos mujeres que se encierran todos los días en la oficina, dicen que a conversar? Tengo derecho a sospechar, tantos engreimientos con la mocosa esa, tantas concesiones, tantas sonrisitas coquetas y minifaldas a la cadera, algo raro tenía que estar pasando entre ellas. Por eso les dije a las mamás que estén atentas a la profesora nueva, porque esta gente enferma es de lo peor. Advertí sobre todo a la mamá de Emily, porque a esa niña la mima, la carga a cada rato, la acaricia. No quiero ni pensarlo, qué asco me da esa idiota. ¿No es mi responsabilidad acaso alertar a las madres?

Señorita, buenos días, tengo cita. Está bien, yo espero aquí, gracias. A Sandy le tuve que lavar la cabeza, casi cae en sus redes. Le tuve que abrir los ojos, hacer que ponga más atención en la forma como habla, en su tonito, hasta en la forma en que se viste, se cree una reina la retrasada esa. Observa cómo te mira, le dije, tú no te has dado cuenta que te mira de arriba abajo cuando no la ves, que se ríe con disimulo de las cosas que dices en las reuniones, es una hipócrita, te desprecia. Se cree superior. No te dejes engañar, se hace la buenita para que la apoyes, le dije. Así hay que hablarle a éstas mosquitas muertas para que despierten.

Lo mismo hice con María Isabel, hasta tuve que decirle que me había hecho comentarios horribles sobre ella para que me haga caso, porque ya se me estaba entusiasmando con sus grandes ideas. Cuánto demora este doctor, ¡ya estamos en hora!

Lo de ayer fue providencial. Si lo hubiera planeado no habría salido mejor. Mientras todos celebraban el cumpleaños de la secretaria en la salita de profesoras, Ester dejó su escritorio abierto. Ahí estaba el sobre con siete mil soles y su IPhone. La oportunidad era magnífica. El escándalo que se habrá armado cuando regresó a su oficina. Felizmente me fui a tiempo. Una lástima no haberle visto la cara a la maestrita estrella cuando el GPS del celular les haya llevado nada menos que a su casillero personal y, por supuesto, al jugoso sobrecito. Me enteraré el lunes. Aunque sea que pase un mal rato o que queden dudas sobre ella, a ver si así se le bajan los humos.

¿Ya puedo pasar? Gracias señorita. Buenos días Dr. Quezada. No sé si me recuerda, pero soy profesora del nido donde está su sobrinita Lidia. Ah sí me recuerda, que bueno, el año pasado yo le enseñé, yo lo he visto varias veces por el nido. Mire, he venido a su consultorio no por un tema de salud sino por una preocupación diferente. Usted es una persona muy respetada, un antiguo colaborador de la parroquia y muy cercano al padre Miguel. Verá, ha entrado al nido este año una profesora joven llamada Marcia y su comportamiento nos está dejando serias dudas sobre su moralidad, sobre todo sobre su moral sexual. Parece que la propia directora está implicada, es decir, hay complicidad o demasiada ingenuidad. Estamos todos horrorizados y necesitamos el apoyo de las familias para poner a la directora contra la espada y la pared para que la saque, creo que así las cosas pueden volver a la normalidad. Puedo darle detalles. Ayúdenos por favor.

¿Cómo dice? No, no, es una broma. No me haga esas bromas doctor. ¿Cómo que es esposo de Marcia? Ella no se ha presentado como casada. ¿Qué se han casado recién? Pero, no puede ser. Ella es muy jovencita. Bueno, claro, eso no es mi asunto. Sólo que nadie sabía en el nido. ¿Qué se han casado en privado? Dios mío, doctor, me deja helada, bueno, creo que hay un malentendido aquí. De seguro que hay un malentendido. Pienso que todo se aclarará. No, no, está bien, ya me voy, no hay necesidad de alterarse, disculpe usted por favor, hasta luego. Disculpe usted.

Ay dios, qué bochorno. Oh el celular, quién es ahora. Aló. ¿Ester? Ay Estercita, qué sorpresa llamándome en sábado, cómo estás. Ahorita no puedo hablarte querida, estoy un poco en shock por un asunto personal. ¿Cómo?, ¿cuál dinero?, ¿siete mil soles?, no sé de qué me hablas, ¿qué ha pasado?, ¿cómo?, ¿yo qué tengo que ver?, ¿Qué todo olía a Dolce & Gabbana?

Lima, 04 de mayo de 2013

Luis Guerrero Ortiz

Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú y estudié una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado de Chile. Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL) y en Periodismo Narrativo (Universidad Portátil). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. He sido docente en el Instituto para la Calidad de la PUCP, en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en la Universidad Católica Santa María de Arequipa y en la Escuela de Directores y Gestión Educativa de IPAE. He sido consultor de UNICEF, UNESCO y GRADE, también asesor en el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de Educación. Soy socio fundador de Foro Educativo.

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