Docencia

De mi hijo su profesor

«If I were a rich man, I’d build a big tall house with rooms by the dozen». Si yo fuera un hombre rico, construiría una casa grande con muchas habitaciones. Así cantaba Tevye, el humilde lechero de la Ucrania de principios del siglo XX, en la recordada película «El violinista en el tejado» estrenada en 1971. Suponernos desempeñando un rol inhabitual y hasta quizás extraño o peregrino, para imaginar el modo en que actuaríamos bajo esas improbables circunstancias, suele ser un ejercicio refrescante para la mente humana, pero también muy ilustrativo. Convencidos de eso, preguntamos a unos 60 maestros qué comportamiento profesional considerarían realmente indispensable exigirle al profesor de sus hijos, si acaso tuvieran poder para contratarlo. Los resultados fueron sorprendentes.

De la gran persidad de respuestas que ofrecieron, las que más se reiteraron fueron dos: dinámicos y afectuosos. En efecto, fueron quince las oportunidades en que los maestros consultados insistieron en su preferencia por docentes dinámicos, activos, creativos, participativos y motivadores. Fueron nueve, además, las veces en que insistieron en la importancia del buen trato hacia el alumno, digamos, un trato respetuoso, afectuoso, tolerante, capaz de suscitar confianza.

Dicho de otro modo, pareciera que el profesor que estos maestros quisieran evitar para sus propios hijos fuera, sobre todo, uno pasivo y huraño. En verdad, esto me resulta conmovedor. Colocados en la posición de escoger, la mayoría elegiría protegerlos del aburrimiento y el miedo o la humillación antes que de la posibilidad de no aprender nada. ¿Es esto indicativo acaso de la experiencia vivida por estos maestros en sus años de educación formal?

Si lo pensamos un instante, tiene sentido. Si es poco lo que les aportó la escuela en términos académicos y encima les hizo sentir tan mal, quizás la pérdida de oportunidades formativas haya dejado en su alma infantil menos dolor emocional que la conducta anodina, tediosa o agresiva de los profesores de su niñez. Luego, es razonable que su primer impulso sea el de evitarle a sus hijos los mismos malos ratos padecidos durante toda la escolaridad.

Por cierto, un profesor dinámico y amable no necesariamente tiene dominio sobre su área, planifica su trabajo educativo, entiende las capacidades de cada alumno ni les enseña según su necesidad, se comunica con ellos de manera clara y sencilla, propicia el aprender haciendo y en conexión con la vida diaria, enseña valores con el ejemplo, informa continuamente de sus progresos ni apoya a quienes más lo necesitan, desempeños directamente relacionados a sus competencias pedagógicas y que este mismo grupo de maestros mencionó sólo de una a tres veces cada uno.

Es interesante que este segundo grupo de respuestas haya salido también, pues quiere decir que no les es ajena ni la preocupación por los aprendizajes ni el tipo de desempeños que guardan más relación con la calidad de la enseñanza. Querría decir también, en todo caso, que su primera intuición los lleva a considerar como primera piedra de toda experiencia educativa la acogida del maestro y su disposición para hacer de sus estudiantes activos partícipes de su formación.

Sí, sí, ya sabemos que esto no basta, pero las ideas que van surgiendo de estos diálogos con maestros en ejercicio van aportando piezas a un rompecabezas que empieza a tomar sus primeras formas. Esto continuará.

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Fotografía © Vecktron/www.flickr.com
Lima, viernes 14 de Mayo de 2010

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

2 Comments

  • María Luisa Palacios

    Sobre este tema te recomiendo el libro: El poder de educar. Una mirada al vínculo pedagógico. De Daniel Dreifuss y Odette Vélez (2010) Lima: Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Aunque está referido al contexto universitario creo que es una mirada interesante y muestra la importancia de una buena relación entre alumnos y profesores. Felicitaciones por el blog. Lo leo siempre.

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    luisguerrero

    Hola Luchi, gracias por este dato, habrá que leerlo, conozco a Daniel y conozco la agudeza de su pensamiento, buscaré el libro esta semana. Y gracias por seguirme. Un gran abrazo!

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