Ciudadanía,  Curriculo

El explosivo arte de la desinformación

«Los seis reactores que configuran la central japonesa [de Fukushima], con graves problemas desde el terremoto del viernes [11 de marzo], siguen su camino hacia la catástrofe nuclear. Y lo que muchos intentaban controlar, se va de las manos». Así informaba cinco días después del cataclismo el diario español El Mundo, en su versión digital. Las autoridades japonesas venían explicando que el recalentamiento de los reactores sólo provocó fugas pequeñas e inofensivas de radioactividad y que el problema podía manejarse. Pero la gente dejó de creerles y empezaron a acusarlos no sólo de retener información de vital importancia, sino de distorsionarla intencionalmente. La pregunta que me surge a la luz de estos hechos es: ¿En qué momento se rompe la credulidad de una población en el manejo irresponsable y manipulador de los asuntos públicos de parte de sus gobernantes?

Sin duda, el ocultamiento de la gravedad de una catástrofe nuclear inminente no equivale a la de pistas a medio construir, un sistema de buses incompleto o un teatro inconcluso, que un astuto alcalde inaugura con toda solemnidad y gran despliegue de prensa, como si estuvieran listos. Tampoco al maquillaje de las estadísticas de iletrados realmente alfabetizadas en los últimos años o al ocultamiento del fracaso del programa de municipalización de la educación en el Perú. Pero en todos estos hechos existe un denominador común: un gobernante que busca deliberadamente desinformar y generar confusión en el ciudadano, para beneficiar o proteger sus propios intereses.

Yuli Andreev, responsable de descontaminar la Planta Nuclear de Chernobil, escenario de la mayor catástrofe nuclear de la historia en 1986, dice que no se ha aprendido de los errores del pasado, pues se ha confiado en los operarios de una compañía privada –la empresa Tepco- el manejo de una emergencia tan grave como la de Fukushima. La industria atómica, cercanísima siempre al poder, tiende a omitir cualquier alusión a escenarios de riesgo para no perjudicar la confianza pública en la energía nuclear. El problema de Tepco es que luego de las sucesivas explosiones que se produjeron en la planta la situación se volvió inocultable.

Recordemos que durante la guerra en Irak, la CNN informó que Sadam Hussein había muerto en el primer ataque del ejército de coalición. Cuando poco después el propio Sadam apareció en la televisión iraquí dirigiéndose a la población, la prensa occidental recoge la versión oficial de los militares aliados y señala que se trataba seguramente de un impostor, pues el verdadero ya estaba muerto. El propio presidente Lyndon B. Johnson fue desinformado sistemáticamente por sus generales sobre la real situación del ejército norteamericano en Vietnam, empeñados en negar su derrota y obtener más presupuesto.

Pero si la desinformación podría justificarse en un contexto de guerra en nombre del bien común, con el argumento de proteger al ciudadano del enemigo, ¿Con qué argumento se justifica en un contexto de paz, que no sea para proteger un bien particular a costa del ciudadano? Umberto Eco, en su libro «De los espejos y otros ensayos», propone la teoría de los laberintos. Según ella, todo sistema de verdad puede ser circular, si acepta una única verdad posible; arbóreo, si reconoce la coexistencia de varias verdades simultáneas o alternativas; o rizomático, si acepta la convivencia de los dos sistemas anteriores.

Una manera de gobernar en base a la desinformación calculada y recurrente de la población se adscribe al sistema circular, pues asume como única verdad la de los intereses que rodean al poder. No hablamos de discrepancias en la manera de enfocar los hechos y las decisiones, como podría ocurrir en el sistema arbóreo. Hablamos simplemente de engaño o disimulo premeditado e institucionalizado en beneficio propio. Me pregunto ¿Para qué sistema de verdad estaremos formando en las escuelas a nuestros futuros gobernantes?

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Planta Nuclear de Fukushima, antes del terremoto. Fotografía © s@ilor/ www.flickr.com
Lima, viernes 18 de marzo 2011

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

One Comment

  • Verito

    Hola, mi nombre es Verónica y soy de Chile!! vi que estudiaste aca y bueno ahi quise saber mas de ti,yo estudio pedagogia en historia y en verdad me ha llamado mucho la atencion tu columna,estudiare lo que dice Humbero Eco, aca en Chile sucede lo mismo, ha estado recientemente el preseidente de los EE.UU y es increible lo que sucedido con los medios,siento sin embargo que de pronto claro es una forma para gobernar y mantener el sistema economico imperante hoy en día…finalmente estar adormecidos,no saber lo real, es estar presos, de ellos y de nosostros mismos…

    Saludos desde Chile

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