Evaluación

El misterioso caso de los malos resultados en comprensión lectora

Esta historia la conoce. Desde hace varios años se han tomado iniciativas que deberían haber tenido algún efecto en la incapacidad del sistema educativo para alfabetizar a los niños que inician su escolaridad: se ha evaluado varias veces a los maestros y se ha encargado su capacitación a las universidades, se ha seguido distribuyendo textos escolares, se ha creado un programa estratégico dirigido a multiplicar por tres los actuales niveles de logro del 3º grado en capacidad lectora para el 2011. Pero el almanaque avanza sin piedad y las cifras no se mueven del mismo lugar desde hace más de una década.

Es decir, se despliegan más acciones y se gasta más que antes, pero en las escuelas públicas sigue siendo apenas un niño de cada diez que terminan 2º grado el que comprende bien lo que lee. Y si observamos los resultados de las escuelas donde su lengua materna no es el castellano, será uno de cada veinte el que termina 4º grado leyendo y comprendiendo en el nivel que se esperaría. Esto es lo que revela la última evaluación censal del 2008.

Si nos atenemos a las justificaciones oficiales, aquí no habría misterio: los malos maestros y la pobreza lo explicarían todo. Pero «el verdadero misterio del mundo no es lo invisible sino lo que se ve», decía Oscar Wilde. Y lo que se ve desde hace años es la reiteración de un conjunto de soluciones que a pesar de no estar funcionando, se siguen realizando de manera ritual, anunciándose cada tanto como la definitiva. Habría quizás que formularse la pregunta que nos proponía siempre el recordado filósofo y psicólogo norteamericano Paul Watzlawick: ¿No será que la solución es el problema?

A fines del 2009, todos los padres con hijos que pasan a tercero de primaria el próximo año, creerán emocionados que ya saben leer cuando los escuchen pronunciar correctamente el sonido de las palabras de una oración. Lo que no saben es que sus niños ya tendrían que poder reconocer el objetivo del texto y su tema principal; relacionar una palabra que desconocen con el contexto de la lectura para deducir su significado; diferenciar las ideas o hechos que son causa y consecuencia de otros; y ubicar sin dificultad ciertos datos colocados en el texto de manera visible. Lo dramático es que la creencia errónea de los padres, que reduce el acceso a la lengua escrita a la posibilidad de distinguir y reproducir la forma y la sonoridad de letras y palabras, mal que le pese al currículo, es largamente compartida por las escuelas.

Emilia Ferreiro, notable pedagoga argentina, recordaba que en la antigüedad la escritura y la lectura estaban asociadas al poder y reservadas a unos pocos, los que no decidían lo que se escribía o leía. Su habilidad provenía de un entrenamiento sistemático en una técnica vacía de contenido y desvinculada de la comprensión. Lo curioso es que en los tiempos modernos, el acceso a la cultura escrita se convirtió en un derecho universal y la comprensión de lo escrito en una de las claves de la ciudadanía. Pero se sigue reduciendo la alfabetización de los niños al aprendizaje de una técnica vacía de contenido y desvinculada de la comprensión.

Si la apropiación inicial de la escritura no constituye un acto inteligente, creativo y placentero, es porque las escuelas siguen privilegiando la técnica a la producción creativa de textos y convirtiéndola en una experiencia aburrida, angustiosa y monótona. Y porque las políticas educativas no han logrado hasta ahora moverlas de allí. ¿Será que se equivocan o es sólo cuestión de fe?

Luis Guerrero Ortiz
El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Fotografía (a) Manel/ www.flickr.com
Lima, Viernes 17 de Julio de 2009

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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