Cuentos

La bala atrapada

Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros 
La otra es creer que todo es un milagro
Albert Einstein 

El día del show, Matías había recibido la visita de Mariano Fortini, un conocido médium argentino que hizo escala en Lima en tránsito a Nueva York. Estaría de paso solo por 24 horas y quiso aprovechar la circunstancia para conocer al gran mago Matías y charlar un rato. Habían acordado desayunar en el mismo aeropuerto, por lo que Matías y su asistente Denisse se apresuraron en llegar temprano. Fortini, un hombre calvo, de bigote canoso, de unos sesenta años y bastante locuaz, lo abrazó efusivamente como a un viejo amigo. Se quedaron conversando toda la mañana, contándose cada uno las anécdotas más insólitas de sus actividades. Matías se tuvo que retirar al mediodía, el show era esa noche y tenía que concentrarse. Denisse quiso quedarse a continuar la plática. En una hora te doy el alcance, le dijo a Matías. Estaba fascinada con las anécdotas del visitante. Fortini había hecho fama como un hombre capaz de comunicarse con los muertos. Desde los seis años, contaba él, podía verlos, hablar con ellos, soñarlos y hasta tener visiones de sucesos ya ocurridos o que estaban por ocurrir.

Denisse le contó que una vez, cuando era niña, estando sola en casa, vio a su abuelo caerse por las escaleras. A los pocos días el abuelo llegó de visita, subió a la terraza y se rodó seis escalones al bajar. Ella quedó muy asustada por haber anticipado la escena con tanta precisión. Su abuelo había muerto ya hacía varios años, pero ella sentía siempre su presencia y quería que Mariano la ayude a comunicarse con él. En otra ocasión, con más tiempo, cuenta con eso, le dijo. Pero en seguida le preguntó si podía tomar su mano. Denisse titubeó un instante, al final se la extendió. Fortini la apretó fuerte y en los treinta segundos que siguieron la mucha se puso pálida. Él le dijo con toda seriedad: ¿Lo viste?, tenemos que hablar.

A las dos de la tarde, Denisse se presentó en el estudio de Matías. ¿Almorzaste?, le preguntó él. No, pero no tengo hambre le respondió. Se le notaba nerviosa. El acto había sido ensayado cientos de veces, podían representarlo hasta con los ojos cerrados. No obstante, Denisse se puso a objetar varios de los detalles previamente acordados sobre el show de esa noche. A estas alturas no vamos a hacer variaciones, le dijo Matías, ella insistía sin dar razones claras y, como era de esperarse, Matías desestimó todas.

Esa noche, el Teatro Británico estaba repleto de espectadores, familias enteras, muchos niños. Los diarios habían sido muy pródigos en la cobertura y habían abundado las notas destacando las cualidades del espectáculo. La expectativa era grande. La actitud de Denisse le preocupaba a Matías, tranquilízate le había dicho, debes concentrarte al máximo, todo va a salir bien. Ella sonreía, pero no con la espontaneidad de siempre.

El número principal del show era el de la Bala Atrapada, un truco que consistía en recibir un disparo de un revólver cargado con una bala marcada, simular el impacto y después escupirla sobre un plato y permitir que la gente compruebe que, en efecto, se trataba de la misma bala. Lo ensayaron muchas veces, todo estaba bajo control. Los diversos números previos, con pañuelos, cartas y palomas, solo aumentaron la expectativa del público por el acto principal.

Llegado el momento, como estaba previsto, Matías pidió un voluntario para que examine el revólver y compruebe que la bala era de verdad y que estaba efectivamente marcada. Un joven de unos veinticinco años, vestido de camisa y pantalón jean, se paró sin titubear y se dirigió al escenario, examinó la pistola y mostró al público la bala. La escena se proyectó en pantalla gigante para no dejar ningún asomo de duda. Luego Denisse tomó el revólver y Matías se colocó a unos quince metros de distancia. La muchacha lo miraba fijamente casi sin pestañear, los tambores se habían detenido, el silencio en el teatro era absoluto. Entonces alzó la pistola en dirección al mago. Debía apuntar al corazón.

La puntería de Denisse era magnífica, el entrenamiento previo había sido largo y exigente. Además, sabía cambiar una bala por otra con magistral habilidad, tal como lo había practicado mil veces, todo estaba en orden, pero tenía dudas, sus ojos no podían disimular su angustia. Tenía que tomar una decisión dramática, difícil, muy difícil. Denisse cerró los ojos un instante invocando serenidad, luego los abrió lentamente y concentró la mirada en Matías. Estuvo sosteniendo el arma en dirección al mago unos cuarenta interminables segundos. Luego disparó y el estruendo retumbó en el escenario. En ese instante cayó al piso desmayada y Matías también, con su blanca camisa teñida de sangre.

La Bala Atrapada era un ingenioso ardid que se empezó a practicar como acto de magia desde tiempos remotos, había cobrado muchas víctimas a lo largo de su historia. El mago Raoul Curran, por ejemplo, fue asesinado en 1880 por un espectador que le disparó desde su asiento con una pistola real, para comprobar la veracidad de sus habilidades. El mago Michael Hatal murió en 1899 porque no logró cambiar a tiempo las balas verdaderas por las falsas. Al llamado Mago Negro del Oeste, en 1922, su propia mujer le disparó adrede con balas genuinas sobre el escenario. Matías, un hombre obsesivo y minucioso, conocía estos antecedentes, pero tenía todo preparado para que nada malo pudiera ocurrir. La bala que usaba para el disparo no estaba cargada de pólvora.

Ambos fueron a parar al hospital, ella desvanecida como producto del estrés y él con la clavícula rota por la bala que lo atravesó de lado a lado. La policía interrogó a ambos, la investigación era inevitable, si no fue un accidente, podía tratarse de un crimen. Lo que se descubrió es que las dos balas eran auténticas. Ninguno entendía cómo pudo pasar eso. Es verdad, en la forma, las dos balas eran idénticas, pero se suponía que una era falsa.

Las sospechas se dirigieron al proveedor. En efecto, Matías trabajaba desde siempre con un experto en la fabricación de artefactos para ilusionistas que tenía toda su confianza. Él les había provisto de todos los implementos para ese acto, balas y revólver incluidos. Lo que no sabía es que su proveedor trabajaba ahora con un nuevo asistente. La policía fue tras él para averiguar si fue intencional o una negligencia que tampoco quedaría sin castigo.

Una Denisse más repuesta fue a acompañar a Matías en su lecho de convalescencia. Lo encontró fastidiado. El número, el número salió mal y eso jamás había ocurrido en toda su carrera. Más que su vida, le preocupaba su prestigio. Ahora todo el mundo se enteraría del truco. En su ofuscasión, se mostró resentido con ella, por su nerviosismo, su inseguridad, su actitud vacilante no proyectaba una buena imagen, le dijo.

— ¿Por qué fallaste el tiro Denisse? Lo practicamos cien veces. Yo debería estar muerto.

Denisse sonrió. Qué tal mentecato, pensó. No le quería contar lo de Fortini, no sabía si le sonaría a pretexto. En los segundos que el cañón de la pistola le apuntaba al corazón, le fue inevitable recordar las imágenes que emergieron en su mente en el momento en que el médium tomó su mano. Matías en el suelo, inerte, bañado en sangre y el murmullo de un público pasmado, dudando si acaso todo era parte del acto. La muchacha había tratado de minimizar la advertencia, ¿cómo se iba a cancelar el show? Matías no lo permitiría, tampoco los auspiciadores, sería la ruina para su jefe. Hasta la televisión estaba presente y no había pagado poco por los derechos de transmisión. Pero lo que vio a través de Fortini era muy nítido, muy real. ¿Qué cabía hacer entonces? Debía decidir entre su fama o su vida.

— No fallé Matías, te apunté al hombro.

Lima, 23 de mayo de 2014 (actualizado en 2024)

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

6 Comments

  • Ocongateño

    Maestro Luís, muy intersante éste relato.
    Felicitaciones…
    En la IE Gran Mariscal Andrés Avelino Cáceres, impulsamos la estrategia "avelino lee", si me permite voy ha utilizar éste relato para trabajar con los estudiantes.
    Atentamente
    Nilo Achahui Almanza
    Director

  • Ocongateño

    Las políticas educativas, deberían reajustarse para implementar una "EDUCACIÓN PARA LA INCERTIDUMBRE", pues no sabemos a qué nuevos retos se enfrentarán nuestros estudiantes, o qué necesidad laborales habrá; muy a pesar que se predice, sin embargo la duda es ¿que sociedad espera a los estudiantes del 1er grado de primaria que éste 2014 empiezan sus estudios y concluirán la EBR el 2024?, entonces un joven que termina su 5to grado de secundaria cómo se articulará a la educación superior ¿qué carreras universitarias se ofertarán o qué carreras ya no habrán, etc. Nilo

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    luisguerrero

    Nilo, muchas gracias por tus comentarios y reflexiones, para mi sería un honor que leas mis cuentos a tus alumnos, me cuentas después qué reacciones suscitó. Y es verdad lo que dices, hay que aceptar que la incertidumbre es parte de la vida y que nunca se puede tener todo bajo control. Un abrazo.

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    luisguerrero

    Sebas muchas gracias! Me alegra mucho, no sabes cuánto, saber que lees mis cuentos y que te agradan. Eso me motiva a esforzarme cada vez más a contar historias que puedan despertar el interés de un lector exigente como tú. Un abrazo enorme!

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