Ciudadanía

La igualdad ja ja

Jorge Luis Borges cuenta la historia de los hermanos Nelson, dos jóvenes que en la Argentina de fines del siglo XIX convivían con Juliana, una muchacha muy humilde recogida por el mayor de ellos para hacerla su mujer y además su sirvienta. La joven, que ambos hermanos decidieron finalmente compartir para todos los efectos, hacía todo lo que le pedían sin protestar a cambio de comida y algunas baratijas, aunque a veces era objeto involuntario de celos y sordas rivalidades. Cuando las tensiones fueron en aumento, decidieron cortar por lo sano y la vendieron a un burdel a muy buen precio. Tiempo después, sin embargo, acordaron recuperarla, pues tuvieron que admitir que en verdad la necesitaban.

Lamentablemente, la reanudación de la convivencia con Juliana revivió poco a poco sus viejas desavenencias. Fue entonces que el hermano mayor decidió asesinar a quien, finalmente, no consideraba más que una intrusa, y arrojó su cuerpo en los matorrales. Así, dice Borges, la vida en común de los hermanos recuperó la paz y la fraternidad.

Evoco el relato de Borges cuando reviso el actual escenario electoral y escucho los argumentos de quienes se inclinan por devolver al poder a Fujimori a sabiendas de los crímenes que cometió, desde una noción de país reducida a los intereses de su propio grupo social. Entonces me pregunto qué clase de democracia y de ciudadanía hemos construido. Dice John Rawls que una sociedad democrática aspira a participar de la vida pública como una comunidad de iguales, más allá de sus diferencias de apellido o de capacidad. Pero ¿Dónde aprendemos los peruanos a creernos, sentirnos o sabernos iguales entre nosotros?

No necesariamente en las familias, que pueden llegar a ser un crisol de rivalidades, prejuicios y privilegios, explícitos y desvergonzados o vividos con calculado y civilizado disimulo. Allí se puede aprender, más bien, que unos tienen derecho a comer más que otros o a disfrutar de mayores libertades no por sus méritos sino por su sexo y que los que atienden siempre a los demás, no les toca ser atendidos por nadie. Tampoco en la escuela, un mundo de reglas hechas por adultos que son los primeros en transgredir e ignorar, cínica o solapadamente, cada vez que les conviene. Un mundo que suele hacer de la discriminación, el favoritismo y el prejuicio una norma de conducta, que sacrifica la justicia pero le facilita la vida a los mayores, no importa si al costo de la decepción y la desesperanza de los más jóvenes.

Es tal vez este aprendizaje temprano el que lleva a muchos a ver la participación en la vida pública de un país básicamente como una oportunidad para ocupar el lugar de los hermanos Nelson y obtener beneficios particulares a costa de los demás. Esta certeza moral respecto a la legitimidad de la desigualdad como el estado natural de una sociedad, se va cultivando en el alma de los niños y confirmando después en su vida adulta, y es quizás la que puede terminar insensibilizándolos con el saqueo de los recursos públicos, la compra y venta de favores, el maltrato y el abuso del prójimo.

Si así está hecho el mundo y la historia nacional lo certifica ¿Qué tiene de malo que un presidente robe, soborne o mande asesinar a sus enemigos, si en medio de todo nos regala escaleras, bolsas de comida, buzos y zapatos?

En la otra orilla, será por eso también que un sector de peruanos ve natural que se use, se desprecie o se deseche a las Julianas del Perú y a sus familias según convenga, muy convencido de que su rol es servirlos con docilidad a cambio de unas cuantas baratijas, y que su destino es ser tratadas como intrusas en el país que han nacido. Quizás mi única noción de patria, escribió Mario Benedetti, sea esta urgencia de decir «nosotros». Pero los que no se sienten de la estirpe de Juliana jamás dirán nosotros junto a ella y no tendrán reparos en entregar el gobierno del país a los que hoy la enamoran para después tirarla en un matorral.

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Fotografía © quequelyehua/ www.flickr.com
Lima, viernes 20 de mayo de 2011

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

One Comment

  • gabo_edu

    De acuerdo Luis. Mi Perú es un país de personas que no entendemos a cabalidad el amor propio, en ese sentido no nos permitimos , como diría Chabuca Granda en una de sus canciones, "abrazar y besar" a este país y en ves de ello tratarlo como si fuera Juliana.

    Y lo digo desde la experiencia propia, yo no me lo permito en la amplitud que merece pues requiere de constante honestidad, coraje y lucha. Sin embargo, personalmente me es difícil persistir en ello cuando veo la realidad y mis formas inconcientes y concientes de actuar con mi familia, con mi Perú. Constantino Carvallo ya nos hablaba de este odio interno que existe entre nosotros mismos.

    A mis 24 años yo sinceramente no sé por quién debería votar, sé desde lo más profundo de mis convicciones y educación que los dos candidatos mienten de forma repugnante,cínica ,planificada y estratégica, demostrando ese vacío en su comunicación, en esa retórica efectiva y no profunda.No hay honestidad, no hay coraje, no hay amor, empatía y menos respeto.

    Ultimamente vi un video de Charlie Chaplin, el gran dictador, y no me queda más que decir que un verdadero lider, debería ser un verdadero artista, alguien que sepa conllevar toda esa energía positiva y negativa que tiene el Perú y volverla colores, paisajes y realidades de esperanza.

    Los ciudadanos tenemos ese rol ahora y siempre,la tenemos difícil, no da ganas.

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