Cuentos

Magia globalizada

El mago sabía que su destino profesional se jugaba por entero en este acto prodigioso. Después de tantos años de ejercicio en diferentes escenarios de tres continentes, sabía que a los públicos de todas las culturas encandilaba siempre la magia de salón y la de escena, aplaudiendo sus artilugios con naipes, monedas, palomas, pañuelos y bastones, con el mismo entusiasmo que los de cajas, puertas y cortinas. Pero sabía también que lo más deslumbrante seguía siendo hoy como ayer, la desaparición de personas.

El mago sabía hacer eso. Lo había hecho a lo largo de toda su carrera. La cinematografía había arruinado el encanto de su arte y el de todos sus compañeros de profesión, revelando secretos que en otras épocas solían defenderse con la vida. Por eso necesitaba hacer algo diferente, algo nunca antes visto ni ensayado. A pesar de que esto podría parecer la típica aspiración de todo principiante, nuestro veterano mago estaba convencido de poder crear algo original, inexplicable, imposible de ser desentrañado.

Un día comentó a su partner las numerosas ideas que se le habían venido a la mente para estrenar un nuevo número. La bella joven, cuyos atributos representaban un buen distractor de la audiencia para beneficio de las maniobras de su jefe en el escenario, sonrió al escucharlo. Tengo una idea mejor, le dijo. El mago escuchó con mucha atención los detalles de su propuesta y aceptó hacer un ensayo, pese a su incredulidad. La idea de la muchacha le sonaba a broma, pero ¿qué podía perder?

Al parecer, los ensayos lo convencieron y lo entusiasmaron como ningún otro número presentado antes a lo largo de su carrera. La decisión estaba tomada. El día del estreno, un inmenso cartel –que replicaba el tenor de varios anuncios en la prensa- convocaba la atención de todos los transeúntes:

Magia global: Desaparece en Lima, reaparece en París

El aviso estaba acompañado de una impresionante foto de la joven y la de un circunspecto mago, en actitud desafiante, con el fondo de la torre Eiffel.

Toda la estrategia publicitaria previa había sido una campaña de intriga. El mago había pensado en todo. Había coordinado con sus agentes en París para que TF1, la cadena televisiva de mayor audiencia en Francia registre el milagro. La joven reaparecería nada menos que en la explanada de la Basílica del Sacré Cœur, por todo lo alto de la Ville Lumière.

El Gran Teatro de Lima se oscureció. El mago hizo su aparición en medio de una gran expectativa y los números previos al prestigio estelar, si bien pulcros y asombrosos, sólo incrementaban la impaciencia. Finalmente, la hora llegó. La joven se puso en movimiento, se acomodó en la caja de sombras y al cabo del protocolo previamente planeado, el mago la cubrió de una manta brillante y… la hizo desaparecer. Hasta ahí, nada fuera de lo común en las rutinas de un mago cualquiera. Siempre hay un truco. En ese instante, la pantalla gigante instalada en el trasfondo del teatro y que transmitía en vivo las incidencias en la Basílica del Sacré Cœur, donde una multitud de parisinos aguardaba la reaparición de la joven, confirmó la promesa. La joven salió, ilesa y espléndida, de la caja de sombras acondicionada sobre un estrado de madera y aluminio, recubierto de una inmensa tela de seda roja.

No había duda. Era ella. La magia funcionó y el mundo se rindió a los pies del ilusionista.

Pero el número no acababa allí. Esa misma noche el mago tomó un vuelo a París para rencontrarse con su partner. Al día siguiente, en el Théâtre de l’Odéon, como había sido previamente anunciado, la pareja repitió el número. Y la joven fue desaparecida en París para reaparecer esta vez en el Distrito Federal de México, nada menos que en la Plaza de la Constitución. El embeleso era unánime, el pasmoso hecho ocupaba la portada del New York Times, el Daily Mail, Le Figaro, El País, el Corriere della Sera y de otros importantes diarios y noticieros de Latinoamérica, Europa, Asia y Norteamérica. El mago había repetido su hazaña en menos de 48 horas.

El mago viajó a México de inmediato y se dirigió al Paseo de la Reforma. Allí, en el Auditorio Nacional, uno de los más famosos teatros del planeta, la joven lo esperaba para el siguiente acto. Y la magia se renovó por tercera vez. Su bella socia se desvaneció en la caja de sombras para reaparecer ahora en Bagdad, ante la admiración de millones de televidentes.

Escapando de los paparazzi y de una muchedumbre de admiradores, nuestro mago logró dirigirse al aeropuerto internacional Benito Juárez y tomar el primer vuelo hacia Irak. Allá lo esperaba una nube de periodistas y un distinguido grupo de maestros Ashrams, persuadidos de la espiritualidad que subyacía al virtuosismo del mago. De todos ellos logró escabullirse también para enrumbarse raudamente al barrio de Karrada, al Teatro Nacional de Irak, felizmente restaurado después del saqueo del que fue objeto durante la guerra del petróleo.

La joven estaba allí, aguardando, como de costumbre, en medio de un auditorio repleto de espectadores. El ritual se reprodujo por cuarta vez y el mago transportó a su socia a través de un prodigio inexplicable, esta vez a Bogotá. Un fatigado mago, después de una tumultuosa conferencia internacional de prensa, tomó el primer vuelo a Colombia. Al cabo de larguísimas horas llegó al aeropuerto El Dorado y se enrumbó presuroso a Cundinamarca, al Teatro Jorge Eliécer Gaitán.

La joven lo esperaba impaciente. Era la primera vez que su sonrisa no lucía natural. El mago ni lo notó, el ritmo vertiginoso del esfuerzo que venían desplegando había disminuido su energía. Ciertamente, él lo había querido así. Su plan era que luego de la quinta desaparición se cerraba el número, transportando a la joven hasta Beijing. Su partner le había expresado en Lima su deseo de cerrarlo en Bogotá, ciudad donde nacieron sus padres, hijos de inmigrantes adscritos al mazdeísmo, una antigua religión fundada por Zaratustra en el siglo XIII a.C. y cuyos miembros practicaban la nigromancia. Pero el mago estaba obsesionado con Beijing. Quería que allí fuese su broche de oro, su máxima consagración. En verdad, la fama que buscaba no necesitaba esperar a China, ya la había obtenido en París a manos llenas. Pero el número cinco era su cábala. Tenían que ser cinco y tenía que ser China su destino final.

El mago se preparó entonces para iniciar el ritual, hizo su introducción acostumbrada, invitó a la joven a la caja de sombras, cerró los ojos y empezó a pronunciar las palabras de rigor. Pero algo no andaba bien. El público no notaba la perturbación de la muchacha, no podía apreciarse a través de los velos. En el momento culminante, la sombra de ella se desvaneció y un grito de asombro inundó la bóveda del teatro colombiano. Las miradas de los espectadores se dirigieron ahora a la pantalla gigante, a la espera de su triunfante reaparición en la histórica Plaza de Tiananmen, la mayor plaza pública del mundo.

Pero la joven no asomó. El desconcierto del auditorio y el murmullo ensordecedor no permitieron a la gente percibir de inmediato un hecho por demás inesperado: la joven había resurgido incólume de la caja de sombras y estaba ahora parada en el escenario, con una extraña serenidad en el rostro. El mago, en cambio, había desaparecido.

El hecho tuvo una gran resonancia en los medios de comunicación de todo el planeta. No había rastros del mago y la joven, que declaró a los reporteros su desconcierto por lo sucedido, dijo desconocer el paradero de su jefe y dio por cancelada la gira hasta nuevo aviso.

Durante los días que siguieron al frustrado, confuso y bochornoso acto, muchos ciudadanos colombianos declararon haber visto a la joven -ahora mundialmente famosa- en las playas de Cartagena, las islas del Rosario, las playas de Santa Marta, las playas de la Guajira, las ciudades coloniales de Santa Fe de Antioquia y Popayán, como también en las hermosas ciudades de Barranquilla, Cali y Manizales, tomando fotos y comprando artesanía local. Lo curioso es que, según los numerosos testimonios, ella habría estado en todos esos lugares al mismo tiempo, es decir, en las mismas fechas a la vez.

Lima, 27 de octubre de 2012

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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