Cuentos

Mi madre se va a morir

No lo soporto. Ya no. Quiero que todos se vayan. No me voy a mover hasta que todos se vayan. Cállense y váyanse por dios. Estoy tan lejos de casa, no sé cómo volver, no tengo mi cartera ni mi celular, cómo salir sola a la carretera a esta hora. Porque me trajiste a esto Pilar, jamás te lo voy a perdonar. Mira mi ropa, mira mi cara, mírame, estoy hecha una mierda, cómo voy a regresar así a la casa, por qué te hice caso. No entiendo cómo puedes estar feliz de la vida aquí, yo no te conocía así Pilar, dormimos en el mismo cuarto desde que éramos niñas y ahora me doy cuenta que eres una completa extraña para mí, no te conozco. Mi madre se va a morir. Por qué te hice caso, qué cojuda he sido.

Tú sabes que detesto las fiestas, que no me gusta la bulla ni el alboroto como a ti. Siempre me has dicho que soy una nerd, que parezco una monja, que ni me visto a la moda, que los 16 años son para gozarlos y que ni siquiera tengo enamorado. Me hiciste sentir tan mal anoche, me dijiste que por ser así me iba a quedar sola por el resto de mi vida, que todos hablaban mal de mí y que nadie me buscaba porque les parecía una aburrida, me jodiste tanto, que te acepté venir sólo por demostrarte que también sé divertirme cuando me da la gana. A mí me gusta vivir tranquila y tú lo sabes, pero te lo quería demostrar. Nunca imaginé que me traerías a esto.

Esto ni siquiera es una discoteca como me dijiste, es una casa de familia, la música estridente, las luces de colores, el olor a cigarro y marihuana me tienen mareada, acá hay puro pastrulo, se meten por abajo unas jeringas con licor para no tener tufo, chapan y agarran todos contra todos, no hay rincón de la casa donde no haya alguien manoseándose, y todos son chiquillos de mi edad, nadie controla nada, todo es un despelote. Cuando empezaron a desvestirse en medio del baile me quería morir, ¡eso fue el colmo! Yo estaba con cara de terror ¿Nunca has estado en una fiesta?, me dijo ese imbécil mientras me levantaba el polo para sacármelo, ¿qué se habrá creído ese tipo? Y tú te reías Pilar, me mirabas y te reías, y fuiste de las primeras en sacarte todo y quedarte en calzón, ¿cómo es posible que hagas eso? Mocosa de porquería, tienes 17 y ya te juras una mujer liberada, ¡mi madre se va a morir cuando lo sepa!

La fiesta va a ser mostra, me insististe, vas a conocer buenos cueros, vas a hacer amiguitos Lea, que buena falta te hace, paras sola como una ostra. Me decías que yo te preocupaba porque era tu hermanita, que no podía vivir encerrada, que querías que aprenda a vacilarme. Por amor propio te dije que sí, quería cerrarte la boca haciendo lo que ni te imaginabas: aceptar venir. Pero qué cagada dios mío. Qué huevona he sido.

Cuando todos comenzaron a desvestirse y esos fumados empezaron a jalonearme para quitarme la ropa, el único que sacó la cara por mí, sin conocerme, fue ese chico Renzo. Tú no Pilar, tú te burlabas de mí gritándome, ¡despercúdete!, ¡despercúdete! Encima todos filmaban la escena con su celular, me quería morir. Pero esto no se va a quedar así, maldita. Él fue muy lindo conmigo, gritó a esos tarados y me apartó del grupo ¿Nunca has estado en un Harlem Shakke Party?, me preguntó. No sé qué es, le dije, ¿acá todos se calatean siempre? Bueno, es la costumbre, me dijo ¿quién te trajo? Debieron advertirte. Sus hermosos ojos se abrieron como dos platos cuando le dije que fue mi hermana. Resulta que la conocía y que siempre venía a estas orgías. Me contó que casi todos los que estaban aquí les decían a sus padres que se iban a la playa o al cumpleaños de un amigo, pero se venían para acá, que esta casa era el point.

Cuando me preguntó si quería tomar algo, le dije que sí, que lo necesitaba, que estaba muy nerviosa. Vuelvo enseguida, me dijo. Renzo era bello, alto, delgado, de pelo encrespado y mirada tierna, vestía un jean negro y una camisa roja con el pecho desabotonado, tendría fácil sus 20 años, me ponía algo nerviosa. Al minuto que se fue se me acercó un cretino y puso su cara horrible y hedionda en la mía mientras me levantaba la falda, yo lo empujé y le dije qué tienes imbécil. Para qué te pones pulsera verde, me dijo, si te vas a hacer la difícil toda la noche, y se fue insultándome.

Cuando Renzo regresó con un vaso de algo que parecía cerveza pero sabía más fuerte, le conté lo que pasó y me preguntó cómo había llegado esa pulsera a mi muñeca. Al entrar me preguntaron cuál quería, le dije, yo elegí el verde porque me gusta y porque Pilar también escogió verde. Lea, me dijo con cara piadosa, esta es una fiesta semáforo, el rojo significa que vienes con pareja o acompañada, el amarillo que estás algo indecisa pero que podrías atreverte, el verde que estás sola y dispuesta a todo. Tú traes la verde, por eso todos te abordan, ¿nadie te dijo eso?

En ese momento tres muchachos que parecían ser sus amigos, reclamaron su presencia y se lo llevaron en medio de la multitud y la penumbra del salón. No tardo, me dijo, no te muevas de aquí; y esa fue la media hora más horrible de la noche. Tú viniste Pilar a llevarme a la fuerza a ese baile asqueroso. Yo era la única vestida y todos empezaron a jalarme la ropa otra vez, empezando por ti. Me veías en pánico y no te importó nada, mira cómo me han roto el polo, la falda, me arrancaron el collar, la pulsera, perdí mis lentes, estoy despeinada, hecha un asco. No me importan los vómitos ni este hedor horrible, pero no saldré de este baño hasta que amanezca y todos se larguen.

Me están tirando la puerta abajo, pero no voy a abrir. Qué pesadilla. Mi madre nunca para en casa, pero si mi padre viviera nada de esto habría pasado ¿Renzo?, ¿eres tú?, uf al fin, un segundo. Pasa rápido que voy a cerrar, ya no quiero regresar a la fiesta, quiero irme a mi casa. Sí, por favor, abrázame fuerte, por qué me dejaste sola, ¡tuve mucho miedo!, claro que te perdono, sólo abrázame; pero qué haces Renzo, saca tu mano de ahí, no, no, no me quites, qué te pasa, Renzo estás loco, qué estás haciendo, Renzo basta, ¡Renzo, no! ¡Pilar, dónde estás! Basta, por dios, suéltame, por qué me hablas así, yo no sabía que ésta era tu casa, déjame, ¡Pilar ayúdame!, por qué me trajiste aquí… Renzo, espera, dime al menos que me amas, si me amas todo estará bien, eso es, eso está mejor, no cuesta nada decir te amo, ahora bésame, hazme tuya y llévame contigo por favor, llévame lejos. Ay dios, mi madre se va a morir.

Lima, 23 de febrero de 2014

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Luis Guerrero Ortiz

Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú y estudié una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado de Chile. Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL) y en Periodismo Narrativo (Universidad Portátil). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. He sido docente en el Instituto para la Calidad de la PUCP, en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en la Universidad Católica Santa María de Arequipa y en la Escuela de Directores y Gestión Educativa de IPAE. He sido consultor de UNICEF, UNESCO y GRADE, también asesor en el Ministerio de Educación y el Consejo Nacional de Educación. Soy socio fundador de Foro Educativo.

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