Cuentos

Mira el pajarito

La obsesión es la fuente del genio y también de la locura
Michel de Montaigne (1533-1592)
  • Señor, ¿sabe quién es el pasajero que subió antes al taxi?
  • No señorita, no tomó el servicio por la aplicación, lo tomó en la calle
  • Ha dejado su cámara fotográfica olvidada aquí ¿dónde lo dejó?
  • En un centro comercial, hace como media hora, era una pareja
  • Ay dios, pobre gente, esta cámara está buenísima ¿qué hacemos?
  • Llévela nomás, quizás adentro haya fotos que le den una pista

En efecto, la cámara estaba con la memoria llena por la enorme cantidad de fotos almacenadas. Allí se veía a dos personas jóvenes y a una niña de cuatro o cinco años aproximadamente. Al parecer, la cámara era de la chica, por los numerosos selfis y por no estar ella en la mayor parte de fotografías. Estaba su pareja, su hija, muchas otras personas y un sinfín de imágenes en primer plano, sobre todo de plantas, comidas y mascotas, todas de muy buena factura.

La cámara tenía un registro de fábrica en el que podía leerse Canon EOS 6D MARK II. Elva buscó detalles del modelo en internet y comprobó, como su apariencia delataba, que era un modelo profesional, ofertado a más de tres mil dólares en tienda. Disparaba siete fotografías por segundo, tenía Wifi, GPS y muchas otras cualidades que escapaban a su entendimiento profano.

Ella no era aficionada a la fotografía y no se sentía bien quedándose con algo ajeno, menos aún tan costoso. Lo primero que hizo llegando a casa fue postear la foto de la pareja en sus redes sociales, diciendo que tenía en su poder un objeto que les pertenecía. Nunca obtuvo respuesta. Mientras tanto, descargó las fotos a un USB para liberar memoria. El aparato era magnífico, usarlo era irresistible.

Para su suerte, Karem Apaza, fotógrafa peruana que recibió uno de los Premios Mundiales de Fotografía otorgados por Sony el 2020, estaba dando un taller en Lima para aficionados. Elva se apuntó de inmediato, creó un flipbook y en pocas semanas, se contaban por cientos sus fotografías. Karem, una artista consagrada, estaba impresionada, decía que sus fotos eran magníficas, se volvió una discípula tan aventajada que le propuso trabajar en su estudio.

Elva vivía sola, pero tenía enamorado. Raúl, tres años mayor que ella, también fue objeto de sus continuos ensayos fotográficos. Al principio, su habilidad precoz fue muy celebrada. Tres meses después las cosas empezaron a ser diferentes.

  • Elva, basta por favor, ya tienes suficientes fotos mías.
  • No en este restaurante, déjame encontrar un mejor ángulo.
  • Pero no podemos ni empezar a comer por estar tomándole cincuenta fotos a los platos.
  • Déjame hacer mi trabajo, tengo que enseñarle esto a Karem

Elva no hacía otra cosa ni hablaba de otra cosa. Había reemplazado el estudio de abogados donde tenía un buen empleo, por un estudio fotográfico donde ganaba la tercera parte de su antiguo sueldo. Sus fotos eran muy buenas, pero había dado un giro tan radical a su vida que parecía otra persona. Era comprensible que en su nuevo oficio reemplazara los trajes sastre por los jeans, pero no fue lo único. Su estilo era otro, su manera de hablar, sus gustos, su lenguaje, hasta había perdido peso y este último detalle fue lo que empujo a Raúl a buscar a Karem. Algo no estaba bien.

  • A decir verdad, estoy pensando cortar su contrato Raúl, yo soy una persona obsesiva con mi trabajo, pero esto no lo había visto nunca. Es terca, invasiva, impertinente, está llena de manías.

Raúl empezó a atar cabos y se animó a revisar las fotos que tenía la cámara originalmente. Las examinó con cuidado y a juzgar por los selfis, su antigua dueña había ido cambiando de apariencia y perdiendo peso de una manera muy notoria. Definitivamente, algo no estaba bien.

Ese domingo le propuso a Elva desayunar en un conocido centro comercial donde había una buena oferta de restaurantes gourmet. Allí podrás tomar fotos espectaculares, le dijo. A la hora convenida pasó a recogerla en un taxi. A ella le llamó la atención que no fuera en un taxi de empresa, pero él le dijo que lo tomó en la calle para ganar tiempo porque el Uber estaba demorando mucho. Una vez adentro le pidió su bolso, quiero abrazarte, le dijo, y este bulto nos separa, yo te lo cuido. En el trayecto, Raúl le fue contando el drama más reciente con su exmujer y le pidió consejo como abogada para saber cómo manejarlo. La historia fue tan intensa que captó la atención de Elva por completo.

Esa mañana, mientras la pareja se dirigía a disfrutar de un desayuno criollo en un conocido restaurante con vista al mar, una Canon EOS 6D MARK II yacía solitaria bajo el asiento trasero de un viejo Toyota azul, despintado y sucio, con una pegatina de taxi en la ventana delantera.

Lima, 02 de noviembre de 2022

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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