Curriculo

Programación curricular: ¿Pago a la tierra?

Los ritos son necesarios, dice el zorro. Un sorprendido Principito le pregunta con extrañeza: pero ¿Qué es un rito? A lo que el zorro responde: es lo que hace que un día sea distinto de los otros. Para ilustrar su afirmación le cuenta el rito de los cazadores: todos los jueves detienen su actividad y se dedican a bailar con las muchachas del pueblo. Gracias a eso, los zorros tienen vacaciones al menos un día a la semana. Evocaba este diálogo de la siempre bien recordada novela de Antoine de Saint-Exupery a propósito del inicio del año escolar, pues es el tiempo de los no menos célebres rituales de programación curricular en las escuelas peruanas.

Se sabe con certeza que lo que ocurre en las aulas a lo largo del año, al menos en la gran mayoría de escuelas, no suele parecerse mucho a los planes que constan en los famosos cuadernos de programación, pero sí a las fosilizadas rutinas de años anteriores. Es decir, a planificaciones congeladas en la mente del maestro a fuerza de la costumbre. Los propios docentes admitieron hace unos años, además, en una encuesta nacional del Ministerio de Educación, que apenas les alcanza el tiempo para cumplir poco más de la mitad de lo programado. No obstante, año tras año los maestros son convocados a planificar el año escolar antes de empezar las clases.

El mejor amigo de El Principito diría que de no hacerse así, todos los días del año se parecerían. Quizás tenga razón. Por lo menos un día o una semana al año los profesores se reúnen para hacer algo distinto: escribir en un papel las intenciones educativas que darían sentido y justificación a sus acciones en los próximos diez meses. Luego, ese papel se entrega a la máxima autoridad del centro educativo para su magna aprobación. Creo que hay en la solemnidad de este acto ritual algo más que un racional apresto organizador de las experiencias de aprendizaje. Anunciar lo que se va a hacer y obtener la aprobación del jefe del grupo simboliza en el fondo la autorización formal para ejercer su rol en ese lugar durante un año.

Y es acá donde empiezan los problemas, pues ¿Qué es lo que se autoriza en verdad? El rito consiste en el anuncio sobre todo de una secuencia de acciones, no de un conjunto de resultados. No representa una promesa en relación a lo que los estudiantes lograrían, sino a lo que los maestros harían. Luego, como los aprendizajes no han sido objeto de consagración ritual, a los docentes se les puede pedir cuentas por lo que han hecho en el año, no por cuánto se aprendió en sus aulas. Podríamos discutirles por ejemplo si llenaron correctamente el formato de planificación, si enseñaron según lo planificado, si cumplieron el programa hasta el final o sólo en parte; pero no juzgaremos la coherencia de sus anunciadas acciones con sus intenciones educativas ni con los resultados logrados en el salón de clases.

No creo en la improvisación irresponsable o en la repetición mecánica de un mismo guión año tras año. Pero tampoco en una planificación rígida, construida sin recoger información sobre lo que los estudiantes ya saben y sus contextos aportan, ejecutada a ciegas por añadidura, sin verificar en cada clase su impacto en la motivación y los aprendizajes del grupo. En todas las profesiones los planes se basan en un estudio del caso, son flexibles pues dialogan todo el tiempo con la realidad y distinguen con claridad los medios de los fines. Pero en educación, los planes de clase están estandarizados, no se diseñan en base a un análisis de la situación que se quiere modificar, se ejecutan a rajatabla y pierden de vista los fines, creyendo que los medios –las actividades pedagógicas- son su propósito principal. Esto necesitamos cambiar y creo que el zorro lo aprobaría.

Luis Guerrero Ortiz
Publicado en El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio (CNR)
Fotografía (c) Perdurus/ www.flickr.com
Lima, viernes 04 de marzo de 2010

Impactos: 11

Total Page Visits: 119 - Today Page Visits: 2
Foto del avatar

Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

5 Comments

  • Walter Twanama

    Y el curriculum, importa realmente? más allá de una simple pauta genérica y necesaria, toda esta carga eidética (evito la palabra "ideológica" que fue mi primera elección por sus otras denotaciones) que le colgamos es algo realmente existente?
    Abrazo

  • Patricia

    ambos debieran (Walter y Lucho) conversar con mi hija Massiel para que les cuente cómo la programación puede ser — y es, a veces – bastante más que un mero ritual…. Abrazo helado pero soleado desde Montreal

  • Foto del avatar

    luisguerrero

    En cuanto a tu pregunta Walter, lo que se sabe en buena cuenta es que del dicho (currículum) al hecho (enseñanza) hay muchísimo trecho, pues el profesor le hace decir al currículum oficial lo que el quiere (y puede) enseñar, lo trágico es que en vez de ayudar a acortar esa brecha, la hacemos grande metiéndole más cambios al currículum sin que nadie entiendo por qué ni para qué, pues las razones las manejan no más de 5 personas. En cuánto a tu hija Massiel, Pachi, podría ser la viva demostración que la planificación puede ser una herramienta útil para resolver problemas cuando sabes que quieres lograr, sabiendo que las rutas son sólo una posibilidad cuya eficacia debes ir controlando paso a paso. El rollo es cuando no sabes a ciencia cierta a dónde quieres llegar y lo único que tienes claro es una ruta, una sola, y a ella te aferras así no te lleve a ninguna parte. Yo creo que las programaciones son necesarias, pero las rituales nos llevan a ninguna parte. Aunque quizás sí. Nos devuelven al punto de partida. Abrazos a ambos y gracias por escribir.

  • Anónimo

    Estimado Maestro. Considero muy atinada su apreciación. Sin embargo hay instituciones educativas donde se busca cambiar el rumbo de esta programación arraigada a lo que ya tenemos archivado, pero somos los propios docentes quiénes no nos atrevemos a dejar esa rutina, y sabe Usted por qué? Porque la gran mayoría no nos preocupamos actualizar nuestros conocimientos, relacionados a nuevas estrategias, propuestas, nuevos enfoques que apuntan a mejorar la calidad del servicio. Y el argumento colectivo es:"No tenemos dinero para actualizarnos". Ante eso, es muy buena su reflexión y ojalá tenga eco en algunos docentes que queremos cambiar el rumbo de nuestra educación, pensando en nuestros estudiantes, que más adelante serán los responsables de conducir nuestro país.
    Saludos
    Italo

  • Foto del avatar

    luisguerrero

    De acuerdo Ítalo, entre la no planificación y la programación ritual, tiene que haber espacio para construir planes basados en las características, fortalezas y debilidades de cada grupo de alumnos, atentos a su impacto en su interés y su aprendizaje, flexibles en sus estrategias, pero muy claros en sus objetivos y asegurando una comprensión muy clara de los resultados que se buscan obtener. Se que hay maestros que están en esa línea y es la mejor demostración que sí se puede. Un abrazo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *