• Pedagogía

    Pienso, luego aprendo

    Sucedió hace mucho. La hija de una querida amiga, por entonces con tres años de edad, resbaló en medio de sus animados juegos y se golpeó la cabeza con el caño de agua que sobresalía discretamente a un costado del jardín, en medio de la hierba. No fue grave, pero hubo un pequeño corte y la sangre brotó sin misericordia. Aplacados los llantos, contenida la hemorragia y ya limpia la herida, su mamá le dice en tono festivo mientras la peinaba, «te hiciste un huequito en la cabeza». La niña se quedó en silencio unos instantes y de pronto volteó a preguntarle con ojos de intriga, señalando con su índice…