Pedagogía

¿Cuándo educar puede volverse una pasión?

¿Cuál es el mínimo de condiciones que una persona requiere para amar lo que hace y para perseverar en su entusiasmo contra viento y marea? ¿Existen personas apasionadas por sus opciones o sólo gente común que unos días se inflama y otros días se aburre o se estresa haciendo las mismas cosas? El alto grado de identificación que uno podría lograr con su quehacer principal en la vida ¿Es compatible con la ansiedad, el cansancio y hasta la angustia que este quehacer pudiera producirnos en varios tramos del camino? ¿Depende sólo o principalmente del profesor que un estudiante se entusiasme por aprender o depende más bien de las muy diversas influencias a las que está sometido a largo de su vida? Resumo en estas cuatro preguntas los agudos comentarios de Fernando Bolaños y Dania Franco a una nota anterior, en la que distinguía tres maneras de educar, siguiendo la teoría de Mihaly Csikszentmihalyi: la marcada por el estrés, la atravesada por el tedio y la guiada por la pasión.

Respecto a la primera pregunta, es verdad que las emociones dependen más de las circunstancias que de la voluntad, pero también es cierto que la voluntad puede crear las circunstancias que hagan surgir la emoción. He conocido maestros que creen que su motivación, sus decisiones y su comportamiento dependen básicamente de factores externos y por lo tanto de una voluntad ajena, considerándose siempre víctimas de sus circunstancias. Pero he conocido también a maestros que se sienten capaces de modificar su realidad y de construir las condiciones que les permitan avanzar hacia sus objetivos. Es decir, que no se sienten víctimas sino protagonistas.

Ahora bien, hablar de la posibilidad de vivir el quehacer educativo como una pasión no es hablar del mayor o menor grado de placer que pueda provocarme alguna actividad coyuntural, sino del agrado y satisfacción de mis opciones de largo plazo, las que determinarán el tipo de actividad que realizaré siempre. Hay maestros que pueden sentir menos agrado por lo que eligieron o lo que les tocó hacer hoy, pero nada podrá quitarles el agrado de enseñar. Algunos podrán sentirse menos satisfechos que otros al no haber alcanzado todas sus metas o no disponer de las condiciones que le permitan hacer aún mejor lo que hacen, pero aman lo que hacen y eso es algo que no pueden disimular.

Respecto a las otras preguntas, no hay duda que cualquier ser humano normal atraviesa diversos estados emocionales. Quien vive la educación como una pasión no es invulnerable a la tristeza, la angustia o el aburrimiento. Más aún si el camino que me conduce a las metas donde he colocado mis afectos puede estar lleno de retos. Se que afrontarlos me va a suponer una cuota inevitable de estrés, peor aún cuando no elijo el mejor modo de hacerlo y debo, además, hacerme cargo de mis frustraciones para poder seguir adelante. Pero si amo lo que elegí hacer en la vida, nada de esto implica necesariamente el deseo de tirar la toalla y abandonar el juego.

Finalmente, si la pasión por enseñar y aprender existe y es tan productiva ¿De quién depende que surja? La respuesta no es simple, pero estoy convencido de algo: aún en las circunstancias más adversas, es la calidad de mis vínculos con los otros y mi certeza de que sólo la curiosidad, el deseo y la aspiración llevan a la gente a mover montañas, lo que no permitirá que me instale en ninguna rutina tediosa ni amargada. Gracias Fernando y Dania. Hasta pronto.

Luis Guerrero Ortiz
El río de Parménides
Difundido por la Coordinadora Nacional de Radio
Fotografía (c) shuichi_youko9/ www.flickr.com
Lima, viernes 24 de abril de 2009

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

5 Comments

  • Anónimo

    Ay las emociones… es verdad a veces uno se siente abatido, contrariado, etc. Sin embargo, la voluntad, la motivacion y la esperanza hace que uno vuelva y continue tratando de cambiar y hacer mejor las cosas desde un aula, desde una oficina donde se ejecutan proyectos e ideas todo por la educacion de niños, jovenes y adultos. Una educacion que nos permita conocer, ser, pensar, actuar y sobre todo convivir con otros en armonia.

  • Anónimo

    Estimado
    Que decir. Nuevamente punzante y directo. Mil gracias por generar, con tus acciones, movimientos.

    ¿Sabes?, intentando acercarnos al tema del “como hacer”, vale decir, el “conocimiento práctico”, el concreto, el dia a dia, hemos dado cuenta que su estructura de racionalidad es tanto de “acción” (la conducta concreta, el movimiento realizado en un espacio y tiempo específico), como el “modelo de acción” o el “sistema de disposiciones” de quien ejecuta la acción. De esta forma, “quien ejecuta” la acción provoca que esta, la que es concreta, real, identificable, comunicable; se convierta en situada.
    ¿A que viene esto?. La “pasión”, la “emoción”, es de quien ejecuta. La “mejor acción”, la “acción efectiva”, la identificación de esta en un mundo de posibles acciones; pierde su impacto si no entendemos que esto se aplica en contextos concretos, especificos. Las personas que lo aplican, lo hacen mediante “criterios de acción”, de “procedimientos”. Por lo menos, asi lo hemos entendido.

    En base a ests inquietud, comentada y estudiada en el equipo donde trabajo, intentamos identificar estas “acciones efectivas”, como tambien la “situación de la acción”.

    Finalmente, preguntas prácticas:
    ¿Cual es mi sistema de disposiciones para integrar acciones que se han identificado como efectivas?
    ¿Cual es mi foco?, ¿tecnico – profesional, o “cultural”?

    ¿Viste como cuestionas?

    Saludos

    Simón Rodriguez

  • Anónimo

    Yo creo que no es un solo foco el que prende la emocion y la pasion… Hay otro que es la intuicion y el saber que algo antes funciono bien o mal para decicir que hacer

  • Anónimo

    Muy interesante. Retomo algunos puntos que tu has señalado:

    – Concuerdo con lo que señalas sobre la “intuición”. En el estudio que realizamos sobre liderazgo y gestión, específicamente sistematizando y analizando prácticas exitosas – con resultados concretos – que se sostienen en el tiempo en contextos de alta complejidad socioeconómica, conocimos el principio de “intuición pedagógica”. Es decir, algunos de los/las líderes “leían” el contexto interno y externo, “anticipaban” y se movilizaban, con un foco principalmente pedagógico en esta lectura. Esto, que de por si ya es interesante, no es algo exclusivo de estos profesionales. Lo que distingue aún mas es su orientación a transformarlo en acción, en movimiento en conjunto con otros: planificando los temas a tratar, generando discusión, desplegando líneas de desarrollo. Es algo así como “intuición – acción”.
    – También concuerdo sobre el “saber previo”. Esta mas que documentado que los conocimientos previos y la historia personal y profesional son marcos de decisión para la práctica situada, incluso mucho mas que la formación inicial – académica. Cuando hablamos entonces de “conocimiento práctico”, decimos también que la práctica es una acción mediante alguien que la conoce, que la ha practicado o la ha visto practicar; cree en esta, la fundamenta como necesaria y valida técnicamente ante los demás.
    – Como tercer punto, la idea que puntualizo es que la “pasión” no es algo aislado, en el aire. No es decir “tenemos pasión”. Tampoco es decirlo de manera desconectada, en el sentido de “pasión por lo que hago” pero no podemos hacer nada para lograrlo. Lo que digo es que esta pasión, en los casos estudiados, se transforma en acción concreta. Y genera un gran e impactante movimiento. Lo que me parece más interesante aún, como hipótesis”, es la presencia de “barreras subjetivas” mas que “objetivas” para volver la pasión en acción. En un seminario reciente, les pedimos a directivos de establecimientos que mantienen prácticas exitosas que las presentarán a otros directivos. Un grupo de los asistentes, como primer comentario del trabajo de sus colegas, fue “es muy interesante lo que hacen. Pero ustedes tienen cosas que nosotros no”…. Objetivamente, con criterios duros, no es asi…. Como entendemos esto?
    – Finalmente, el tema de los focos en lo “técnico” o “cultural”. es más bien para indicar los “énfasis” de una acción o práctica específica. Es por decirlo de otra forma, los “lentes” desde el cual leo una realidad, y por lo tanto, actúo. Lo potente es que a partir del “énfasis” de la lectura tomo decisiones diferentes. Por ejemplo, en el estudio que realizamos un “énfasis” técnico de la práctica implicó decidir reorientar los pocos recursos económicos que tenían para la compra y producción de materiales pedagógicos y para la formación de los docentes; decisiones que implicaron motivar, realizar conversaciones y consensos con el grupo de profesores y apoderados para poder hacer esta reorientación. Cuando el “énfasis” es mas bien cultural, las decisiones sobre recursos fue el de invertir en infraestructura (por ejemplo, nuevas salas), u otros “símbolos” que reflejasen el “sello” de la nueva gestión, diferenciándola de la anterior. En este caso, hubo menos ruido para “hacer esto” por parte de la comunidad educativa, como también estuvo menos claro, más allá del símbolo, como se hacia, cual es el nuevo procedimiento de trabajo, en el nuevo escenario.

    Saludos

    Simón Rodriguez

  • Anónimo

    Estas reflexiones hacen pensar que es importante aprender a tener conciencia de los sentimientos para actuar responsablemente y reflexionar sobre el hacer. No recuerdo ningun curso o espacio en mi formacion que me haya entregado medios o recursos para actuar viendo y entendiendo el contexto y mis emociones. Salvo que me equivoque, muchos cursos y areas del colegio y la universidad no se vinculan con emocionalidad y autonomia para tomar decisiones.
    Luis conoce algunas experiencias e investigaciones sobre estos asuntos en el Peru…

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