Cuentos

Mi madre se va a morir

Puedo resistir todo en la vida, excepto la tentación
Oscar Wilde

No lo soporto. Ya no. Quiero que todos se vayan. No me voy a mover hasta que todos se vayan. Cállense y váyanse por dios. Estoy tan lejos de casa, no sé cómo volver, no tengo mi cartera ni mi celular, cómo salir sola a la carretera a esta hora. Porque me trajiste a esto Pilar, jamás te lo voy a perdonar. Mira mi ropa, mira mi cara, mírame, estoy hecha una mierda, cómo voy a regresar así a la casa, por qué te hice caso. No entiendo cómo puedes estar feliz de la vida aquí, yo no te conocía así Pilar, dormimos en el mismo cuarto desde que éramos niñas y ahora me doy cuenta que no te conozco. Mi madre se va a morir. Por qué te hice caso, qué cojuda he sido.

Tú sabes que detesto las fiestas, que no me gusta el alboroto. Siempre me has dicho que soy una nerd, que parezco una monja, que ni me visto a la moda, que los 16 años son para gozarlos y que ni siquiera tengo enamorado. Me hiciste sentir mal anoche, me dijiste que por ser así me iba a quedar sola por el resto de mi vida, que todos hablaban mal de mí, que nadie me buscaba porque les parecía una aburrida, me jodiste tanto, que te acepté venir sólo por demostrarte que también sé divertirme cuando me da la gana. A mí me gusta vivir tranquila y tú lo sabes, pero te lo quería demostrar. Nunca imaginé que me traerías a esto.

Esto ni siquiera es una discoteca como me dijiste, es una casa de familia, la música estridente, las luces de colores, el olor a marihuana me tiene mareada, acá hay puro pastrulo, se meten por abajo unas jeringas con licor para no tener tufo, chapan y agarran todos contra todos, no hay rincón de la casa donde no haya alguien manoseándose, y todos son chiquillos de mi edad, nadie controla nada, es un despelote. Cuando empezaron a desvestirse en medio del baile me quería morir, yo estaba con cara de terror ¿Nunca has estado en una fiesta?, me dijo ese imbécil mientras me levantaba el polo para sacármelo, ¿qué se habrá creído ese tipo? Y tú te reías Pilar, me mirabas y te reías, y fuiste de las primeras en sacarte todo y quedarte en calzón, ¿cómo es posible que hagas eso? Mocosa de porquería, tienes 17, ¡mi madre se va a morir cuando lo sepa!

La fiesta va a ser mostra, me insististe, vas a conocer buenos cueros, vas a hacer amiguitos Lea, que buena falta te hace, paras sola como una ostra. Me decías que yo te preocupaba porque era tu hermanita, que no podía vivir encerrada, que querías que aprenda a vacilarme. Por amor propio te dije que sí, quería cerrarte la boca haciendo lo que ni te imaginabas: aceptar venir. Pero qué huevona he sido.

Cuando todos comenzaron a desvestirse y esos fumados empezaron a jalonearme para quitarme la ropa, el único que sacó la cara por mí, sin conocerme, fue ese chico Renzo. Tú no Pilar, tú te burlabas de mí gritándome, ¡despercúdete!, ¡despercúdete! Encima filmaban todo con su celular, me quería morir. Pero esto no se va a quedar así, maldita. Él fue muy lindo conmigo, gritó a esos tarados y me apartó del grupo ¿Nunca has estado en un Harlem Shakke Party?, me preguntó. No sé qué es, le dije, ¿acá todos se calatean siempre? Bueno, es la costumbre, me dijo ¿quién te trajo? Debieron advertirte. Sus ojos se abrieron cuando le dije que fue mi hermana. Resulta que la conocía y que siempre venía a estas orgías. Me contó que casi todos los que estaban aquí les decían a sus padres que se iban a la playa o al cumpleaños de un amigo, pero venían acá, esta casa era el point.

Cuando me preguntó si quería tomar algo, le dije que sí, que lo necesitaba, que estaba muy nerviosa. Vuelvo enseguida, me dijo. Renzo era bello, alto, delgado, de pelo encrespado y mirada tierna, vestía un jean negro y una camisa roja con el pecho desabotonado, tendría fácil sus 20 años, me ponía algo nerviosa. Al minuto que se fue se me acercó un cretino y puso su cara horrible y hedionda en la mía mientras me levantaba la falda, yo lo empujé y le dije qué tienes imbécil. Para qué te pones pulsera verde, me dijo, si te vas a hacer la difícil, y se fue insultándome.

Cuando Renzo regresó con un vaso de algo que parecía cerveza, pero sabía más fuerte, le conté lo que pasó y me preguntó cómo había llegado esa pulsera a mi muñeca. Al entrar me preguntaron cuál quería, le dije, yo elegí el verde porque me gusta y porque Pilar también escogió verde. Lea, me dijo con cara piadosa, esta es una fiesta semáforo, el rojo significa que vienes con pareja o acompañada, el amarillo que estás algo indecisa pero que podrías atreverte, el verde que estás sola y dispuesta a todo. Tú traes la verde, por eso todos te abordan, ¿nadie te dijo eso?

En ese momento tres muchachos que parecían ser sus amigos lo reclamaron y se lo llevaron en medio de la multitud. No tardo, me dijo, no te muevas de aquí. Esa fue la media hora más horrible de la noche. Tú viniste Pilar a llevarme a la fuerza a ese baile asqueroso. Yo era la única vestida y todos empezaron a jalarme la ropa otra vez, empezando por ti. Me veías en pánico y no te importó nada, mira cómo me han roto el polo, la falda, me arrancaron el collar, la pulsera, perdí mis lentes, estoy despeinada, hecha un asco. No me importan los vómitos ni este hedor horrible, pero no saldré de este baño hasta que amanezca y todos se larguen.

Me están tirando la puerta abajo, pero no voy a abrir. Qué pesadilla. Mi madre nunca para en casa, pero si mi padre viviera nada de esto habría pasado ¿Renzo?, ¿eres tú?, uf al fin, un segundo. Pasa rápido que voy a cerrar, ya no quiero regresar a la fiesta, quiero irme a mi casa. Sí, por favor, abrázame fuerte, ¿por qué me dejaste sola?, ¡tuve mucho miedo!, claro que te perdono, sólo abrázame… pero ¿qué haces Renzo?, saca tu mano de ahí, no, no, no me quites, qué te pasa, Renzo estás loco, qué estás haciendo, Renzo basta, ¡Renzo, no! ¡Pilar, dónde estás! Basta, por dios, suéltame, por qué me hablas así, yo no sabía que ésta era tu casa, ¡déjame!, ¡Pilar, ayúdame! Renzo, espera, espera, carajo, dime al menos que me amas, ay dios, no te cuesta nada decirlo, ay dios, mi madre se va a morir.

Lima, 23 de febrero de 2014

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Soy docente, estudié la carrera en la Pontificia Universidad Católica del Perú; una maestría en Política Educativa en la Universidad Alberto Hurtado (Chile); y una maestría en Educación con mención en Políticas Educativas y Gestión Pública en la Universidad Antonio Ruíz de Montoya (Perú). Hice también posgrados en Terapia Familiar Sistémica (IFASIL), en Periodismo Narrativo y Escritura Creativa en la Universidad Portátil (Buenos Aires). Soy actualmente profesor principal en el Innova Teaching School (ITS) y Director de la revista virtual Educacción. Soy coautor de tres libros de cuentos: «Nueve mujeres peligrosas y un hombre valiente», «Relatos valientes de mentes peligrosas» y «Veintitrés mundos: Antología valiente de relatos peligrosos». He publicado recientemente el libro de cuentos «Amapolas en el jardín» (2022).

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